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Viernes, 26 Mayo 2017

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¿Mayores ingresos para los trabajadores? Se necesita producir más

Autor: Miguel Collado Di Franco

Fecha: 22 de marzo del 2017.

 

Los que no quieren ser vencidos por la verdad, son vencidos por el error.
-San Agustín

 

Para que disminuya la prevalencia de la pobreza, es necesario que se produzcan incrementos en los ingresos de los ciudadanos. Esta es una realidad tan evidente que no amerita mayor discusión. El punto que sí merece reiteración es que los incrementos artificiales de salarios no representan una solución duradera al problema de la pobreza. Los incrementos de salario que no han sido producto del correspondiente aumento de la producción y, por tanto, del aporte de los trabajadores, generan distorsiones en la economía. Esta es una verdad que debe ser repetida, ya que desde la opinión pública y desde las mismas autoridades en ocasiones se aboga por promover estos incrementos artificiales de salarios.

 

Factores reales que determinan los niveles de salarios

Los salarios son el resultado de los acuerdos voluntarios y libres entre, primero, personas que desean trabajar y, segundo, otro grupo de individuos que necesitan contratar personal para producir los bienes y servicios que se demandan en la economía. Todas las personas que se encuentran en el mercado de trabajo pueden aportar valor en los procesos productivos. A partir de su aporte, reciben un salario. En la medida en que los empleados son más productivos, el salario tiende a ser más alto. La productividad es la capacidad que tiene cada empleado de poder contribuir a la rentabilidad de los procesos productivos mediante su participación en la producción de bienes y servicios.

Diferentes factores inciden sobre la productividad de los trabajadores: las habilidades adquiridas por experiencia o por educación y entrenamiento, la tecnología con que disponen, así como las estrategias, procesos organizativos y políticas de las mismas empresas. En adición, los factores externos como son los costos de la economía, el ambiente institucional para hacer negocios y la misma estructura del mercado laboral inciden sobre los niveles de salarios.

Ningún análisis puede obviar los altos costos de hacer negocios que imperan en el país, la alta carga tributaria y la inseguridad jurídica, dentro de factores que imperan en la economía dominicana y que afectan los niveles de ingresos. A estos factores es preciso añadir que prevalece un ambiente de alto desempleo (14%) e informalidad laboral (58%). Predomina un ambiente en el cual la demanda de mano de obra formal es baja con relación a la oferta. Este punto siempre debe estar presente al abordar el tema del salario.

En resumen, el factor más importante para la determinación del salario es que el costo que representa para el emprendedor esté de acuerdo con la productividad que aporta el empleado. Es fácil comprender por qué la productividad debe de cubrir el costo que representa cada empleado dentro de los procesos productivos: en el mundo no hay nada gratis; el ingreso que obtiene una persona representa un costo para otra. Cuando este principio es alterado, incrementando el salario artificialmente sin un incremento en el valor de lo producido, el resultado es un aumento en los costos de la producción. Nada saludable para el conjunto de la economía.

 

 

La producción genera mayor demanda, de forma espontánea

En la medida en que los empleados pueden participar en los procesos productivos, en esa misma forma son capaces de generar oportunidades para  otros en la economía. Un empleo que proporciona un ingreso a un trabajador le permite demandar bienes y servicios en el resto de la economía, creando más oportunidades para nuevos empleos. En consecuencia, una población que genera mayor ingreso crea, a su vez, mayor demanda de bienes y servicios.

La mayor demanda de bienes y servicios que se genera como consecuencia de los procesos productivos en que intervienen los trabajadores se realiza por medio de intercambios con dinero. Este hecho da origen a la idea errónea de que incrementando la cantidad de dinero disponible en las manos de los trabajadores será posible obtener los beneficios de mayor bienestar y demanda de bienes y servicios. Por medio del empleo del dinero un trabajador intercambia el resultado de la producción previa por la producción de otros bienes y servicios. Para un trabajador poder poseer ingresos en la forma de dinero, debió haber participado en la producción de bienes y servicios, y haber contribuido con su productividad al proceso; tal como hemos explicado antes.

Lo que permite generar nueva riqueza en la economía no es la posesión y el gasto de dinero. El dinero es un depósito de valor que sirve de medio de intercambio. El valor guardado proviene de la producción realizada, y el intercambio que se produce es, en consecuencia, producción por producción. En efecto, nueva demanda de bienes y servicios no puede ser creada de la nada; debe proceder de la producción previa. Por tanto, las políticas públicas deben estar encaminadas a crear un clima de negocios que no penalice las nuevas inversiones productivas formales que generen mayores puestos de trabajo con mejor productividad que la actual.

Es un error pensar que incrementar los salarios es suficiente para lograr mayor demanda en la economía. Un aumento artificial del ingreso, aunque sea con las mejores intenciones, produce daños dentro de la economía. Un aumento artificial de salarios, de cualquier forma, no hace que la producción adquiera el valor de los nuevos sueldos. Lo único que logra es que el trabajo sea más caro, medido por las unidades producidas; más costoso, pero no más productivo.

Cuando los bienes y servicios de la economía, así como la contratación de empleados, resulta a costos más elevados que antes, se está agravando el problema que al inicio se quiso resolver de manera artificial.

 

 

Aprender de los errores propios

En el país hemos tenido malas experiencias con estímulos artificiales de la economía. En ese sentido es conocido el caso de la política deliberada de incremento en el gasto público verificada entre los años 1978 y 1982, que aumentó el gasto del Gobierno Central en más de 47%, un ritmo de crecimiento que casi duplicó el prevaleciente en los cuatro años previos. El empleo público también fue incrementado, pasando de 129,161 empleados a 201,301, un crecimiento de 56%[1].

La política expansionista tuvo consecuencias negativas sobre el nivel de empleo y el poder adquisitivo de los trabajadores. Mientras el desempleo se ubicaba en 16.6% en el año 1978, se incrementó a 23.3% en el 1982. La reducción en la disponibilidad de empleos estuvo acompañada de una pérdida del poder de compra de los mismos trabajadores, ya que la inflación acumulada del periodo 1978-1982 fue de 54.7%; la cual fue de la mano de un episodio de devaluación del peso dominicano.

Ese periodo de la historia económica dominicana sirve para ilustrar los efectos de la manipulación de la economía por medio de expansiones distorsionantes, que no están basadas en los factores reales que hacen crecer a una economía: aumento de las inversiones a partir del ahorro, e incrementos de la producción y la productividad.

 

A modo de reflexión

La coyuntura actual del país, de retos institucionales, jurídicos y económicos, demanda mucha prudencia en los lineamientos que tracen las autoridades sobre los agentes económicos.

Las distorsiones de los salarios, o de cualquier precio de la economía, generan desbalances en la economía real. Este tema debe considerarse ante las distorsiones que ya existen en diversos mercados, incluyendo el de energía, el cambiario y el mismo laboral.

No es necesario distorsionar aún más la economía dominicana. Sobre todo si en la actualidad enfrentamos un prologando episodio de déficits públicos que han venido financiándose con endeudamiento. Un financiamiento que, ante el deterioro de los fundamentos de la economía y los retos del entorno internacional, sobre todo en el aumento en las tasas de interés, podría presentar problemas de insostenibilidad si no se aplican los correctivos necesarios en el corto plazo.

 

 

 

 

 

 


[1] Moya Pons, Frank (2008). Manual de Historia Dominicana, 14ª edición. Caribbean Publishers.

 

Autores: 
Miguel Collado Di Franco
 
 

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