CREES

 

La economía consiste de cosas reales, cosas materiales. La riqueza, por ejemplo, no se mide por el dinero en circulación, sino por la cantidad de bienes y servicios que las personas pueden adquirir con este. El dinero es un instrumento que empleamos para poder tener acceso a la gran cantidad de recursos que producen diariamente millones de individuos en el mundo. Los billetes, las monedas, el dinero electrónico, y cualquier otra forma de dinero, no tendría ningún valor si no pudiera comprar bienes y servicios.

El bienestar de las personas deviene de la producción de bienes y servicios en la economía. De las cosas reales, como dijimos. Por analogía, los salarios que ganan los trabajadores son determinados por la capacidad de estos de poder producir bienes y servicios. En la manera como los trabajadores agregan valor y aumentan la producción de los productos que ofertan sus empleadores, pueden percibir una mayor remuneración. Si contribuyen a aumentar la producción, su productividad aumenta y el precio al que pueden ofertar su trabajo se incrementa. Cuando el trabajo puede ser ofertado por mayor valor, aumentan los ingresos de los trabajadores y pueden consumir más bienes y servicios, aumentando su bienestar.

Es decir, detrás del salario tiene que haber una caja fabricada, un mueble diseñado, una camisa cosida, un plato de comida servido, una entrada de cine vendida… Y el monto del salario de cada empleado que trabajó en cada proceso productivo dependerá de su capacidad particular para contribuir con la producción de la caja, del mueble, de la camisa, del plato de comida o de la entrada de cine. Es simple; los salarios parten de bienes y servicios reales, no se determinan por legislaciones. Esto se verifica diariamente en los mercados laborales alrededor del mundo.

Pensar que aumentar los salarios para que la demanda de la economía aumente, es ignorar todo lo anterior. Sería lo mismo suponer que por medio de leyes, o por emisiones de bonos o por la impresión de billetes un país puede crear riqueza.

Para que exista demanda, para que pueda haber ingresos que generen consumo, debe haber producción de bienes y servicios. Para que aumenten los ingresos de los consumidores, debe producirse un incremento en su productividad. Esto es equivalente a decir que para que tengamos más ingresos, debemos producir más. El consumo, en consecuencia, sólo podrá ser tan alto como sea la producción. Ambas actividades están indefectiblemente interrelacionadas. No puede asumirse una sin la otra.

 

 

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