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En el periodo enero-julio de 2021, las pérdidas de energía de empresas distribuidoras de electricidad (EDE) ascendieron a 3,183.4 GWh que, con relación a la compra de energía de este mismo periodo de 9,309.8 GWh, representan unas pérdidas de 34.2%. Esto, más el promedio de energía no cobrada en este periodo, que fue de 5.0%, significa que las pérdidas totales de energía eléctrica ascendieron a un 39.2% de la energía comprada.

Las pérdidas totales a julio de 2021 representan el nivel de pérdidas más alto desde el año 2012. Más aún, las mismas se han incrementado en 8.7 puntos porcentuales con respecto al 2019; mientras que las pérdidas de energía y la energía no cobrada se han incrementado en 7.2 y 1.5 puntos porcentuales, respectivamente.

Las pérdidas de energía eléctrica es un fenómeno que caracteriza a las tres distribuidoras estatales de electricidad (EDESUR, EDENORTE y EDEESTE). La falta de inversiones en el sistema de distribución, clientes sin equipos adecuados de medición, usuarios conectados de forma ilegal son, entre otros, factores importantes que determinan que la energía comprada por las EDE no pueda ser facturada en su totalidad. En adición, una parte de la energía facturada no es cobrada, lo cual se adiciona para obtener las pérdidas totales.

En los últimos cinco años (2016-2020) las pérdidas totales de las EDE promediaron 34.1%. Cualquier empresa que pierde más de una tercera parte del bien que compra, demuestra que tiene problemas de gestión que impiden su sostenibilidad.

La energía comprada por las EDE y que no pueden facturar o cobrar representa el principal componente del subsidio que reciben del dinero de los ciudadanos para poder continuar operando; estos recursos son pagados con impuestos presentes o futuros (deuda pública).

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