En octubre de 2021 la inflación interanual de Estados Unidos, es decir, la variación del Índice del Precios al Consumidor (IPC) con respecto a octubre de 2020, ascendió a 6.2%, el valor más alto en los últimos 30 años (desde diciembre de 1990). Mientras, la inflación acumulada del año (diciembre 2020-octubre 2021) se situó en 7.0%.
En el mes de octubre de 2021, los precios de los alimentos en Estados Unidos experimentaron un incremento interanual de 5.3%, mientras que los precios de la energía (combustibles y electricidad) se incrementaron en 30.0%, en promedio.
La inflación, siendo un fenómeno de origen monetario, refleja los aumentos en los agregados monetarios. Por lo tanto, la inflación en Estados Unidos no es más que resultado de la política monetaria expansiva de la Reserva Federal (FED). Si bien la política de gastos del gobierno estadounidense a jugado un papel importante en el incremento de los precios, la FED es la principal causante. El banco central estadounidense ha incrementado su oferta monetaria en más de un 26% en este año y casi ha duplicado el tamaño de sus activos, mediante su política de compra de bonos del tesoro en el mercado secundario (quantitative easing o QE).
Es evidente que la FED se se ha colocado a sí misma en una situación incomoda. El esquema de distorsiones que a montado está teniendo efectos en las familias estadounidenses con el aumento en los precios. Aún asumiendo medidas como la anunciada recientemente, de que iniciará la reducción gradual del QE a finales de este mes, será difícil para la FED revertir su política monetaria expansiva y absorber todo el dinero creado. Por lo tanto, a pesar de que las autoridades de la FED y del Departamento del Tesoro de Estados Unidos sostienen que la inflación será transitoria, este no parece ser un fenómeno que dejará de impactar a los hogares en el corto plazo.
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