Según los datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés) , en 2021 el consumo mundial de petróleo y otros combustibles líquidos promedió 96.9 millones de barriles por día (mb/d). Esto significa un incremento de 5.5%, equivalente a 5.0 mb/d, con respecto al consumo promedio de 2020 y una reducción de 3.4%, equivalente a 3.4 mb/d menos, con respecto a al 2019.
Por otro lado, la producción mundial de petróleo y otros combustibles líquidos promedió 95.5 millones de barriles por día (mb/d). Lo que representa un incremento de 1.7%, equivalente a 1.6 mb/d, con respecto al consumo promedio de 2020 y una reducción de 4.9%, equivalente a 5.0 mb/d menos, con respecto a al 2019.
Como consecuencia de la reducción de la actividad económica en el 2020, los productores de petróleo se vieron forzados a hacer recortes en su producción. En el año 2021, a raíz de la reactivación de la economía mundial y el aumento en la movilidad de las personas debido a la flexibilización de las medidas en muchas partes del mundo, tanto la producción como el consumo de combustibles líquidos empezaron a recuperarse. Sin embargo, la demanda incrementó a un ritmo mayor que la oferta; y esto se vio reflejado en el aumento del precios de petróleo, al igual que en el de otros combustibles líquidos.
Es preciso mencionar que el número promedio semanal de pozos de petróleo operando de Estados Unidos –el mayor productor de crudo en el mundo– pasó de 946 pozos en 2019 a 478 pozos en 2021, una reducción de un 49.5%.
De igual forma, es importante señalar que en la gráfica ambas variables no se muestran en equilibrio debido a que el mismo depende de las disminuciones o aumentos en los inventarios, es decir, cuando la oferta es mayor que la demanda aumentan los inventarios –el exceso de oferta pasa ser parte de los inventarios, y una parte de la demanda es cubierta con esos inventarios.
Los pronósticos de organizaciones como la EIA sobre mercado de combustibles líquidos para este 2022 presenta la posibilidad de que aumente la oferta. Sin embargo, el ritmo en el que la misma crecerá está sujeto a un grado de incertidumbre, debido a que dependerá de la entrada en funcionamiento de los pozos manejados por empresas pequeñas que se declararon en bancarrota en el 2020, las regulaciones globales dirigidas a sustituir las emisiones de energía convencional por fuentes renovables, la evolución de la pandemia con el impacto de la variante Ómicron, entre otros.
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