Autores: Miguel Collado Di Franco y Rolando Martínez Agüero
Fecha: 31 de enero del 2022
En 2022, los efectos de la COVID-19 y el manejo de la pandemia continuarán gravitando sobre la economía mundial. La recuperación a los niveles de 2019 seguirá dependiendo de las políticas públicas relacionadas con el virus, junto a otros factores que mencionamos a continuación.
En el año recién iniciado, se espera que la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed), inicie el incremento de la tasa de política monetaria y la reducción del tamaño de su balance general. El primer paso para la Fed es finalizar la compra de activos, que deberá terminar en marzo. A partir de entonces, iniciaría el proceso de aumentar la tasa de política monetaria y de reducir la cantidad de activos que ha ido comprando como parte de su política de expansión cuantitativa. Otros bancos centrales han seguido los pasos de la Fed; algunos, ya se le habían adelantado en 2021. Sin embargo, el ritmo de la Fed será determinante para poder reducir el crecimiento de la inflación de precios que afecta a la economía internacional, por ser el dólar la principal moneda de reserva del mundo. ¿Terminará la inflación en 2022? Aun si la Fed cumpliera con el plan propuesto, los efectos de la política expansiva sobre los precios se extenderán más allá de este año.
En consecuencia, las políticas monetarias y fiscales expansivas, recientes y actuales, aplicadas en la mayoría de las economías, seguirán incidiendo sobre los precios de las materias primas, bienes finales, servicios y activos a nivel mundial. Los precios de las materias primas, entre ellas el petróleo, continuarán impactando a la producción mundial. Así como costos de servicios relacionados, como es el caso del transporte.
En sentido general, el reto principal para los gobiernos del mundo será la racionalidad en el diseño y la aplicación de políticas públicas. Romper con la complacencia, que muchas veces no es más que mantener el statu quo, será el reto necesario para la definitiva recuperación. Implementar políticas públicas que, en lugar de ser un intento momentáneo de suavizar las cosas, impulsen el ritmo de recuperación de la economía y el desarrollo sostenido en los años siguientes.
Luego de dos años de incertidumbre, políticas de estímulos artificiales y aumento en los precios, el enfoque –ahora más que nunca– deberá ser crear un ambiente en el que los ciudadanos del mundo puedan generar mayores ingresos disponibles reales.
Lograr mayores ingresos reales se alcanza mediante mayor productividad. Los gobiernos tienen tres formas de determinar el curso que sigamos en lo adelante para lograr ese objetivo: políticas de impuestos, de gastos y de regulación que rompan con la complacencia.
Estas políticas reformadoras no deben penalizar aún más a los contribuyentes, deben ser de menores tasas impositivas y sistemas tributarios menos complejos; deben asegurar una mayor eficiencia en el gasto público, brindando mejores servicios con menos recursos y reduciendo aquellas oficinas públicas que no son imprescindibles; y deben disminuir las regulaciones que afecten a la actividad emprendedora y desincentiven las nuevas iniciativas.
En el caso particular de República Dominicana, hay toda una agenda de reformas estructurales que permitirían elevar los niveles de productividad y minimizar las barreras a la inversión –reduciendo la estructura de costos internos de las empresas y mejorando el clima de negocios. Unas reformas que generarían más y mejores puestos de empleo formales productivos y reducirían los incentivos a la evasión y elusión de impuesto. Políticas que garantizarían la sostenibilidad de las finanzas públicas y un marco institucional sano.
Estas reformas deben hacerse en diferentes ámbitos como: 1) en materia fiscal (políticas de impuestos y de gasto como las ya mencionadas), 2) en el mercado laboral y sistema de pensiones; 3) el sector energético; 3) el mercado de hidrocarburos; 4) el sector transporte; 5) el mercado de valores; y 6) otras reformas relacionadas con los procedimientos burocráticos que existen en el país y la complejidad de obtener permisos estatales.
El verdadero reto para este 2022 es formular políticas públicas enfocadas en elevar el nivel bienestar de los ciudadanos de manera sostenida, incentivando las inversiones productivas y reduciendo costos en la economía. Crear un entorno menos centralizado, basado en las decisiones de los agentes económicos, sustentadas en reglas del juego claras que permitan la convivencia. Estos son retos vitales para un 2022 de mayor prosperidad.
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