CREES

El comportamiento de las perforaciones de los pozos de petróleo de Estados Unidos –el mayor productor de crudo en el mundo– está estrechamente relacionado con el comportamiento de los precios del petróleo. Por lo general, cuando aumenta el precio del petróleo se espera que también aumente el número de pozos petroleros activos, debido a que los mayores precios del petróleo incentivan la apertura de aquellos pozos menos productivos, que a los anteriores precios no podían cubrir sus costos de operación. También, mientras más pozos petroleros están activos se esperarían mayores precios del petróleo, y viceversa.

En 2020, como consecuencia de la reducción en la actividad económica, los productores de petróleo se vieron forzados a hacer recortes en su producción; e incluso, muchos pozos manejados por empresas pequeñas dejaron de funcionar porque las mismas se declararon en bancarrota.

El precio del petróleo siguió esta misma tendencia por un par de semanas hasta que la demanda impulsada por los estímulos fiscales y monetarios provocaron aumentos en los precios a partir de mayo de 2020 (un comportamiento que se evidenció luego con las siguientes rondas de estímulos). Es decir, el incremento desproporcional en la demanda con respecto a la oferta provocó que verificara un aumento en los precios. Algo similar sucedió luego de la reactivación de la economía mundial en 2021; la demanda creció a un ritmo mayor que la oferta. Esto último, en conjunto con las emisiones de dinero que aún prevalecían el año pasado, siguió impulsado el precio.

Actualmente existe mucha incertidumbre sobre el comportamiento del mercado del crudo. Se está percibiendo un incremento en la oferta, al igual que en el precio del petróleo. Sin embargo, el crecimiento de la oferta esta sujeta a la entrada en funcionamiento de los pozos que aún están inactivos, las regulaciones globales dirigidas a sustituir las emisiones de energía convencional por fuentes renovables, la evolución de la pandemia con el impacto de la variante Ómicron, entre otros. Por otro lado, se esperaría que la demanda de petróleo siga creciendo en la medida en que la economía mundial se va recuperando. En general, se esperaría que, en el corto plazo, el precio del petróleo –siendo un precio más que se ha visto afectado por las emisiones monetarias– sea un factor que afecte los costos, por ejemplo el precio de venta de los hidrocarburos y, por consiguiente, un factor que siga estimulando la inflación de precios actual.

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