La mecanización proviene del ahorro previo
Por Miguel Collado Di Franco
Fecha: 3 de noviembre del 2023
La economía nos enseña que no existe nada gratis. Las políticas públicas bien intencionadas, deben estar fundamentadas en principios económicos. Si no existe nada gratis es porque todo tiene un origen en ahorro o ingreso previo; este principio es muy poderoso para traer racionalidad a las discusiones de políticas públicas.
Invertir, crear nuevo capital, adquirir maquinarias y herramientas, son acciones que tienen un objetivo directo y claro: incrementar la productividad; producir más con menos esfuerzo; elevar los niveles de vida de la humanidad. El progreso humano ha sido una combinación de las instituciones propicias para la protección de los derechos a la vida, la libertad y la propiedad; los valores apropiados para promover el desarrollo económico; y la acumulación de capital. Es decir, son las sociedades libres, donde las personas se desarrollan en un ambiente que incentiva los emprendimientos, con instituciones fuertes, en las cuales florecen los emprendimientos que pueden generar riqueza.
Quisiéramos, en este artículo, concentrarnos en la formación de capital, en las inversiones productivas. Es preciso recordar que para que aumente ese acervo de capital, se necesita aprovechar el ahorro existente. El ahorro se transforma en fondos prestables y estos, a su vez, constituyen la base del crédito. Es decir, como quiera que se financien las inversiones, sea con patrimonio o con deuda, debe existir un ahorro que permita su origen. Crear un ambiente de confianza para que el ahorro de otros países venga a República Dominicana tiene relación con las políticas de un mejor clima de negocios.
Es posible formular preguntas sobre el tipo de inversiones. ¿Cuáles inversiones? ¿Se pueden escoger las inversiones? Se pueden crear incentivos artificiales para atraer inversiones; es decir, favorecer a algunos sectores por encima de otros. Sin embargo, ese tipo de políticas promueven los privilegios. Una política pública que favorece a un determinado sector es un privilegio sobre las personas que invierten en otros sectores de la economía. Implementar políticas de ese tipo representa un debilitamiento institucional, y fomenta desigualdades que sí son relevante en las discusiones públicas. Si entendemos que el fortalecimiento de las instituciones implica la aplicación igual de las reglas de juego, es preciso que en República Dominicana nos movamos a un modelo que abarate costos, para todo los inversionistas, sin importar su nacionalidad ni el tamaño de sus inversiones, o los sectores en los cuales estas se producen.
Si las exenciones y exoneraciones crean privilegios que debilitan las instituciones, es preciso un enfoque de políticas distinto al que, en muchas oportunidades se ha promovido, por la vía legislativa, en República Dominicana.
Adoptar reglas de juego claras y simples, que no penalicen a los inversionistas, debería ser un norte claro de política pública en este sentido. ¿Ha sido ese el principio que ha movido las políticas públicas de los últimos 25 años? La respuesta es negativa, desafortunadamente. Hemos tenido crecimiento, pero no en las condiciones que merecen los ciudadanos para alcanzar un mayor desarrollo económico.
La inversión extranjera directa, medida como porcentaje del PIB ha sufrido poca variación entre los años 2010 y 2022. Los ingresos reales tienden a presentar picos relacionados con aumentos por normativas salariales, y luego tienden a decrecer. Mayores inversiones de capital, en procesos productivos que generen mayor valor agregado, deberían incrementar los ingresos, en términos reales.


Entendemos, a la luz de los números anteriores, y de las evaluaciones de índices como el Índice Mundial de Innovación, el Índice Internacional de Derechos de Propiedad, el Índice Imperio de la Ley, el Índice de Calidad Institucional y el Reporte de la Corrupción en el Caribe, que República Dominicana todavía tiene reformas pendientes para fortalecer las instituciones.
En adición, existe un conjunto de reformas estructurales pendientes para reducir costos internos y simplificar el complejo sistema tributario, que representa un costo importante para los emprendedores. La complacencia no debe mantener el statu quo en República Dominicana.





¿Por qué el título del artículo? Porque la complacencia que ha estancado las reformas estructurales durante el último cuarto de siglo parece estar conduciendo a los formuladores e implementadores de políticas públicas a asumir que, sin hacer cambios significativos, el capital para maquinarias aparecerá y cambiará las combinaciones de factores de producción. Olvidando que no hay nada gratis en economía.
Traduciendo de términos economicistas, solo es posible sustituir mano de obra por maquinaria en la medida en que esta acción sea rentable. Solo se puede incrementar un factor por encima de otro en la medida que su productividad marginal así lo permita.
Es delicado pensar que se pueden aumentar las inversiones, sin que se creen los condicionantes, de diferentes índoles, para lograrlo. A menos que la intención sea que las nuevas inversiones tengan que ser promovidas mediante la práctica de otorgar exenciones y exoneraciones, o subsidios financiados con recursos de los contribuyentes. Es decir, con privilegios.
República Dominicana requiere de un discurso que promueva las inversiones, que esté acompañado de reformas estructurales. En el statu quo, sin cambios institucionales trascendentales, o reducciones de costos para hacer negocios, y con un sistema tributario penalizador, hablar de transformaciones de corto plazo en el acervo de capital del país es una posición que genera confusión. La claridad, la transparencia, y el principio de que en economía no existe nada gratis, deben estar entre los fundamentos para la transformación estructural de República Dominicana.
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