Autor: Miguel Collado Di Franco
Fecha: 22 de enero de 2026
Reformas estructurales, la única forma de reducir la informalidad
En economía, ser informal, operar al margen de la ley o permanecer en la clandestinidad, todo lo mismo, son decisiones que las personas toman por una razón. Hacer negocios y mantener relaciones laborales cumpliendo con las regulaciones impuestas desde el Estado resulta caro.
Formularios de la DGII y 12 anticipos, reportes de la seguridad social, costos laborales no salariales que pueden llegar a representar el 54.5 por ciento del salario en el primer año son escollos que no son fáciles de salvar. En adición, existen riesgos a cambios regulatorios e impositivos; altos costos de transporte, de electricidad. Por eso, en adición a los regímenes especiales de tributación, el trabajador y el emprendedor dominicano han buscado la informalidad como forma de poder “ganarse la vida”. Una manera de minimizar riesgos y reducir costos.
Ahora bien, la informalidad no es un estado que deba ser la norma, como lo es en República Dominicana. Es posible llegar a esa conclusión solo con ver las estadísticas oficiales del mercado laboral. A lo que aspiramos es a reglas del juego sencillas y menos costosas que no hagan necesarios los regímenes especiales y que no obliguen a un ejército de ciudadanos a permanecer al margen de la ley.
Si se quiere reducir la informalidad es preciso hacer las cosas correctamente; empezando por el diseño de un nuevo código tributario, como el que ha propuesto el CREES junto con el experto tributario Francisco Canahuate; una legislación laboral nueva con reducción en costos laborales no salariales, con un seguro de cesantía, por ejemplo, como también hemos propuesto.
Las anteriores serían formas que abordarían los fundamentos, sin tomar atajos. Cuando se quieren obviar las soluciones que llevan al camino correcto, surge la creatividad para no afrontar cambios de raíz.
Para empezar, establecer una empresa en República Dominicana debería ser un trámite barato y rápido. Una empresa debería poder ser abierta en cuestión de horas y con una mínima presencia física. Existen ejemplos de mejores prácticas de este tipo en Singapur, Estonia o Nueva Zelanda. Sin embargo, debe quedar claro que esta no es una solución a la informalidad. Se puede hacer el costo de incorporación igual a cero, pero al momento del nuevo emprendedor formal tener que enfrentarse al entramado burocrático, se cae el incentivo a la formalización. En consecuencia, debería ser una prioridad reducir tiempos y costos para abrir un negocio, pero un mejor proceso de este tipo no es la solución a la informalidad.
Crear un régimen para las empresas pequeñas y simplificar la tributación. Esta idea equivale a crear una cuota diferenciada para los miembros de un mismo club. Todos obtienen los beneficios -servicios públicos-, pero unos son privilegiados en comparación con los demás. En lugar de mejorar todo el sistema, como ya mencionamos antes, seguirían creciendo las distorsiones. Con una acción de este tipo, que parece muy popular, se introducen dos incentivos. Uno es al no crecimiento como empresa. Es lo que se conocer como “trampa de tamaño”; cuando se crea un desincentivo a crecer para no pagar más impuestos u otras obligaciones. ¿Y los grandes, se quedarán de brazos cruzados? Con el mecanismo se crea un nuevo incentivo. Tercerizar parte de negocios a unidades más pequeñas para tener ahorros impositivos o de otro tipo.
La formación profesional se piensa como una vía de salida de la informalidad. Empleados más educados puede conducir a informales más instruidos, no necesariamente a emprendedores formales. La instrucción es útil, y por su propio interés de ser mejores, los emprendedores y empleados buscan la manera de avanzar en este sentido. Las ciencias aplicadas son una forma de innovar. Ahora, se necesitan las condiciones, las reglas de juego que favorezcan que esto suceda. Los países que pertenecían a la antigua Unión Soviética tenían muchas personas bien capacitadas. En términos de creación de capital, avanzaron en ese aspecto. Pero en creación de valor no eran eficientes, eran países en los cuales sus ciudadanos vivían con lo básico para poder cubrir sus necesidades.
Con relación a esto último, en el país existe una devoción por la educación como la supuesta vía de desarrollo, ya no de formalización. Ponga a empleados bien instruidos en empresas que deben pagar un 27% de impuesto sobre la renta, y que ellos mismos, si crecen en la empresa, llegan a tener que pagar hasta un 25% de impuestos sobre sus salarios. Esos son desincentivos. En República Dominicana deberíamos desarrollar una devoción por las reformas; entre ellas una educación bajo control de los padres y estudiantes; que salga de ámbito político. La devoción debe ser por crear una obsesión con crear instituciones que favorezcan la creación de riqueza, sin privilegios, sin leyes o figuras especiales. De esa forma se crearía más riqueza dentro por la mente y manos de empleados y emprendedores formales.
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