Autor: Miguel Collado Di Franco
Fecha: 7 de agosto de 2026
Este artículo fue publicado originalmente en la revista Forbes, agosto–septiembre 2026.
Vale la pena soñar
Estamos a tiempo de cambiar el rumbo que llevan las políticas públicas en República Dominicana. Actualmente se construye un futuro poco propicio para el incremento del ahorro y la inversión, pilares del desarrollo de una economía. Los miembros de una economía puede tener instrucción académica, pero sin inversión no pueden aplicarla. Existen los ejemplos de países con altos niveles de educación y alto porcentaje de pobreza. En cambio, es difícil encontrar países que hayan acumulado capital invertido en emprendimientos cuyos habitantes tengan niveles bajos de ingresos.
Vale la pena soñar con cambios para que el dominicano común cuente con más altos ingresos. Con progreso material. Para que más inversiones contribuyan a elevar la tasa de ocupación. Que existan más empleos productivos con los que las personas prosperen, fruto de su trabajo. Soñemos, por tanto, con que los dominicanos van a depender menos de los empleos del sector público. Es necesario soñar con un sistema tributario pensado para el desarrollo. Que no ponga al fisco por encima de los hogares y las empresas. Vale la pena soñar con una política tributaria que no parta de aumentar los costos de vivir y hacer negocios en el país, pero que sí piense en aumentar el ahorro, la inversión y la productividad.
Parte de ese soñar es una sociedad menos polarizada. Que las mismas políticas públicas, y quienes las promueven, no planteen la división entre grupos socioeconómicos. Que no volvamos a experimentar, como en semanas recientes, que para implementar una reforma tributaria se use el
discurso de ricos contra pobres. Somos dominicanos que queremos progreso material. Para todos. El camino debe dirigirse a la generación de riqueza, sin divisiones de grupos. El relato con que se vendió la Ley 30-26 ayudó al discurso polarizador de la sociedad. Soñemos, y hagamos realidad, un futuro libre de esos discursos.
Soñar es importante, pero los sueños no deben quedarse en tales. La sociedad lleva tiempo anhelando mejores leyes laborales. La sociedad no debe apoyar la incongruencia con que se caracterizan las políticas públicas. En el caso del mercado laboral, los más jóvenes y con menos experiencia son los más perjudicados por una legislación que no se desea cambios. O por incumbentes del cambio que no desean materializarlo.
El sueño de justicia para los trabajadores más jóvenes se concretará cuando los más viejos no estén protegidos por un sistema de cesantía que los hace, en muchos casos, inamovibles. Los costos de mantener a personas poco productivas o que proporcionan mal servicio —sin importar la edad— pesan sobre los emprendedores. También lo hacen sobre el bolsillo de los consumidores. Todos en la sociedad nos perjudicamos por mantener figuras legales anacrónicas. Si los elementos soñados se cumplen, el discurso que vivimos abandonará las incongruencias actuales. Algunas de esas incongruencias se relacionan con el deseo de tener menos informalidad, menos evasión y más progreso. Pero esos deseos de cambio no se relacionan con las políticas aplicadas. El sueño de cambio debe dejar a un lado ese discurso contradictorio. La reciente modificación al sistema tributario con la Ley 30-26 mantuvo la incoherencia del relato. En un futuro cercano, en poco tiempo, habrá que corregir las distorsiones de esa legislación.
En sentido general, el gran cambio para la economía dominicana será materializar los relatos. Hacerlos accionables, viables, reales. Si queremos algo positivo, las políticas públicas deben ir en ese sentido; con estricto apego a la lógica de la ciencia económica. En consecuencia, tenemos pendiente la implementación de lo soñado en cuanto a crecimiento, a un sistema tributario menos distorsionador, a un mercado laboral con menos distorsiones y a regulaciones que traten mejor a los generadores de riqueza del país.
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