Autor: Miguel Collado Di Franco
Fecha: 14 de octubre de 2026
Este artículo fue publicado originalmente en la revista Forbes, octubre-noviembre 2026.
La economía de la guerra
Mientras más largos y destructivos son los conflictos armados, mayor es la pobreza que sufren los habitantes de los países en los cuales se producen esas guerras. Esto es algo que explica la ciencia económica y que no soporta ningún argumento en contrario. Recientemente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) presentó un informe que aporta al análisis con datos, y con la lógica económica, a las consecuencias de las guerras.
La edición de abril de Perspectivas de la economía global se titula La economía mundial bajo la sombra de la guerra. Uno de los gráficos que más llaman la atención presenta el número de conflictos armados y las muertes relacionadas con estos. Los datos de las muertes provienen del Uppsala Conflict Data Program (UCDP). Mientras en 2005 el estimado fue de 20,445 muertes, en 2025 el número rondó los 244,579 fallecidos. Las guerras afectan las vidas y la propiedad de las personas.
El número de conflictos entre estados ha aumentado en la última dos décadas. Son más sonoras las guerras internacionales, por su escala y la cantidad de países involucrados. Sin embargo, muchas de las muertes y pérdidas de propiedad privada se están produciendo en países donde existen guerras civiles.
El informe contiene estimados interesantes que ayudan a poner en perspectiva la magnitud de los daños que pueden producir los conflictos en las economías. De forma agregada, tomando en cuenta la producción, las guerras causan mayor destrucción que los desastres naturales, que las crisis bancarias o las crisis de deuda. Los conflictos armados impactan la producción de los países, elevan la inflación, tienen efectos fiscales y, uno muy importante, que dependerá mucho de cada guerra, destruyen capital físico. Esfuerzo humano previo, que se convirtió en ahorro e inversión, llega a desaparecer. Una reducción en el capital de una economía equivale a llevar a los habitantes de ese país a un estadio de atraso material.
Parte relevante del análisis de los economistas del FMI corresponde a las pérdidas que se extienden más allá de los territorios en los cuales se producen los conflictos. Hay efectos sobre los territorios en guerra, sobre sus vecinos y sobre países ajenos a las conflagraciones. La República Dominicana, como la mayoría de los países del mundo, ha experimentado el efecto último. En la actualidad tenemos que destinar más ingresos, como personas, a la compra de bienes y servicios que se han encarecido a causa del conflicto en el Golfo Pérsico. También es necesario destinar recursos, como individuos, al pago de nuevos impuestos para cubrir los gastos en los que han decidido incurrir los funcionarios del sector público tras la guerra. Ciudadanos ajenos al conflicto están pagando más a causa de interrupciones de suministros y por costos logísticos y de transporte. Pero, también, por decisiones políticas locales.
Luego de la guerra viene la recuperación económica. Esa recuperación dependerá del proceso de paz que se logró. Si la estabilidad es confiable, es más fácil que vuelvan a ingresar capitales. La confianza hacia el futuro la proporcionará el clima que se logre internamente, en particular si el conflicto fue civil. Si la guerra fue entre estados, los acuerdos y garantías que se negocien incidirán sobre la paz percibida y real. La confianza a futuro estará determinada por las políticas que se implementen y las reformas estructurales que se establezcan.
El corolario es que nadie desea perder su propiedad; sin embargo, las guerras provocan destrucción colectiva de la propiedad. Reducen la riqueza de personas en los países involucrados y en otros ajenos a los conflictos. Esto, sin contar la pérdida de vidas humanas.
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