CREES

Autor: Miguel Collado Di Franco

Fecha: 10 de junio del 2021

El ingenio humano nos ha llevado a beneficiarnos de vidas más largas y de poder disfrutar de comodidades que hace décadas atrás eran impensables. Cada día nos aprovechamos del esfuerzo de emprendedores que descubrieron modos mejores y más baratos de hacer las cosas. Ese afán de buscar la mejoría de los demás es remunerado con ganancias; este es el premio a la contribución social que realizan los emprendedores. La riqueza que resulta del progreso material humano no es más que la recompensa a un esfuerzo constante para mejorar la vida de la colectividad.

La función social de los empresarios es clara y debería ser alentada por todos. En cada proceso de producción son empleadas muchas personas. A la vez, estas personas son beneficiadas con mayores ingresos y con la abundancia de los bienes producidos. El corolario es un aumento en el bienestar general de los ciudadanos y en la esperanza de vida.

Con el transcurrir del tiempo, estos beneficios sociales pueden ser medidos. De acuerdo con datos del Banco Mundial, mientras en 1990 el 15% de los habitantes de América Latina y el Caribe vivía en extrema pobreza, antes de la pandemia ese porcentaje era inferior al 4%. De igual forma, en 1990 la expectativa de vida de los habitantes de la región era de 68.3 años y en 2018 había alcanzado los 75.4 años.

Hemos avanzado en nuestros países. Este avance continuará en la medida en que aumente el capital invertido en emprendimientos productivos y en la medida en que estos emprendimientos generen riqueza. En consecuencia, en la medida en que mejore el clima de inversión de la región, así irá el curso del avance material.

Para lograr ese desarrollo económico es imprescindible reconocer la función social empresarial.  De igual forma, es necesario comprender que llevarla a efecto requiere la menor cantidad de escollos, ya que los inherentes a la actividad emprendedora son muchos de por sí.

Ser emprendedor conlleva muchos riesgos. El empresario trata de estimar, lo mejor posible, la rotación de sus ventas con el fin de poder calcular el capital de trabajo que necesitará. De igual forma, estima los activos que necesita para saber el capital fijo que requiere su emprendimiento. También deberá prever cuáles son las tendencias del mercado a futuro para tratar de determinar cambios en los gustos de las personas y el efecto que estos podrían tener en la demanda de sus bienes (o servicios), y anticipar si los precios subirán o bajarán con el tiempo. Todo lo anterior es una labor titánica que conlleva estimaciones del capital que debe ser invertido; y, por ende, de la magnitud de los recursos que pone en juego el emprendedor.

Ser emprendedor es una gran aventura; es una lucha constante con lo desconocido.

Para que en América Latina tengamos mayor desarrollo empresarial, es necesario facilitar las condiciones para los emprendedores. Por esto no nos referimos a subsidios o privilegios, o facilidades que benefician a determinadas industrias. Hacemos referencia a mejores condiciones generales de mercado. Mejores reglas de juego para todos.

Las reglas de juego claras, que no entorpecen los emprendimientos y que perduran en el tiempo, sin cambios antojadizos, son las que ayudan a crear más emprendedores que se enriquecen beneficiando a los demás. De esos emprendedores es que necesitamos en América Latina si queremos tener menos pobres y ciudadanos con mejor calidad de vida.

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