CREES

Autor: Ernesto Selman

 

Los incentivos para invertir, producir, ahorrar y consumir por parte de los agentes económicos son condicionados por el sistema tributario imperante en cada sociedad.  Los sistemas impositivos que existen en la mayoría de los países a nivel mundial se caracterizan por una complejidad y progresividad que penalizan las actividades económicas y promueven mala asignación de recursos escasos en la economía. Esto implica que se limite la creación de riquezas en las economías, perpetuando el desempleo y la pobreza, principalmente en países en vías de desarrollo. En adición, sistemas impositivos complejos tienden a ser más costosos para los contribuyentes cumplir con sus obligaciones tributarias y más difícil de administrar por parte de los recaudadores. En este sentido, sistemas tributarios complejos con altas tasas impositivas marginales incentivan la evasión fiscal y la informalidad, reduciendo la capacidad recaudatoria del Estado para financiar sus operaciones.

En unos 25 países se han implantado sistemas impositivos alternativos utilizando un impuestos uniforme, en el cual se reemplazan las múltiples tasas tributarias marginales con una sola tasa y se eliminan los complejos sistemas de exenciones, asignaciones y subsidios ocultos[1]. Una exención a los individuos (ingresos libre de impuestos) permite que los que perciben menores ingresos sean removidos de la red de impuestos, impartiendo progresividad al sistema; sin embargo, por encima del monto exento se aplica una sola tasa. Al simplificar el código tributario, el sistema se hace menos costoso de administrar por parte de contribuyentes y del colector, liberando recursos escasos para emplear en fines más productivos.

Un impuesto uniforme implica que los agentes económicos de mayores ingresos aportan más al Estado. Por ejemplo, un sistema con un impuesto uniforme de 10% en que el monto exento es de $25,000, implica que una persona cuyos ingresos son de $100,000 deberá pagar al fisco $7,500 mientras que otra persona con ingresos de $50,000 deberá pagar $2,500. Es decir, quien gana más paga más. 

Los sistemas impositivos con impuestos uniformes son equitativos en la medida que el fisco trata a todos los agentes económicos de la misma manera, eliminando las presiones de grupos de interés. En estos casos, no sólo se aplica una tasa uniforme a todos por igual, sino que también se eliminan exenciones impositivas para sectores específicos.  Tanto el fisco como los contribuyentes se benefician de dicho sistema, pues la mayor simplicidad implica reducción del tiempo y costo de cumplimiento; de nuevo, se liberan recursos escasos en la economía para usos más productivos. La reducción de los costos que implica un sistema tributario sencillo representan menores costos de operación para las empresas, lo que las hace más competitivas con relación a las empresas de otros países.  Por otro lado, sistemas impositivos sencillos han demostrado ser conducente a la atracción de inversiones extranjeras en los países donde se han adoptado. Los impuestos uniformes introducen sencillez, eficiencia económica y equidad al sistema impositivo; estos son los indicadores tradicionales para medir la efectividad de un sistema tributario.

Los resultados exitosos en países que han experimentado con este tipo de sistemas, demuestra la viabilidad del mismo. En Rusia, previo a la reforma fiscal de 2001, el poder recaudatorio del gobierno federal estaba colapsando; las empresas ignoraban el 29% de los impuestos que debían pagar y el 63% de los pagos se hacían con especies (bienes y servicios) en vez de dinero. En ese entonces existían tres tasas impositivas de impuesto sobre la renta (12%, 20% y 30%) pero los que se encontraban en las bandas superiores solo reportaban el 52% de sus ingresos. En enero de 2001 se implantó una reforma fiscal que introdujo un Impuesto Sobre Renta (ISR) uniforme a las personas físicas de 13%, tras lo cual aumentaron las recaudaciones por ese concepto en 26% al año siguiente, en términos reales; en los siguientes cuatro años se duplicaron las recaudaciones.

Otro caso es Estonia, el cual aplicó un ISR uniforme del 26% a las personas físicas y empresas, a partir de lo cual experimentó un dinamismo en la economía de dos dígitos en 1997 y de más de 6% a partir de ahí. La eficiencia de este sistema ha llevado a la reducción de su tasa hasta 21% y un aumento del mínimo exento, sin percibir una reducción de las recaudaciones.  En el caso de Eslovaquia, se implementó una tasa uniforme de 19% por concepto de ISR a las personas físicas, empresas e Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA); es el único caso donde se utiliza la misma tasa para esas figuras impositivas.

Estas y otras experiencias demuestran que los impuestos uniformes y bajos promueve las actividades económicas, creando riquezas y disminuyendo la pobreza en el proceso. Además, los sistemas impositivos sencillos con impuestos uniformes reducen los incentivos a la evasión fiscal, promoviendo las actividades económicas formales y reduciendo la informalidad.  De esta forma, los sistemas impositivos sencillos implican la ampliación de las bases de tributación, generando mayores recaudaciones fiscales.

En los países donde se han implantado sistemas sencillos con impuestos uniformes no se han visto en la necesidad de regresar a los sistemas complejos con múltiples tasas.  Por el contrario, muchos de los países han reducido las tasas únicas en la medida que los sistemas con impuestos uniformes han demostrado ser exitosos.

 

Experiencias con impuestos uniformes sobre la renta

(datos con una sola tasa: la misma para individuos y corporaciones)

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Datos: The Economist April 16-22nd 2005; www. worldwide-tax.com; flattaxes.blogspot.com; Cato Institute; Index of Economic Freedom (Heritage Foundation)


[1] Lal, Deepak. El impuesto uniforme para los países en vías de desarrollo. www.elcato.org

 

 

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