CREES

Autor: Miguel Collado Di Franco

 

En semanas recientes han abundado comentarios y análisis en los medios de comunicación con relación a los precios de algunos bienes de la economía. Estos comentarios se han generado en medio del reciente ambiente de reducción de los precios del petróleo. Dicha reducción ha condicionado a muchos a entender que los precios de la economía debieran seguir la misma tendencia hacia la baja. Al no cumplirse esas expectativas, se ha concluido que es “especulación” lo que está sucediendo con los precios de determinados productos. Entendemos que la preocupación es muy válida, pero que es necesario profundizar más para entender cómo se forman los precios y por qué no se estarían cumpliendo esas expectativas.

Es muy deseable que los bienes y los servicios de la economía tengan los precios más bajos posible. Cuando tenemos que pagar menos por nuestro consumo, crece el poder de compra del dinero; nuestra riqueza real aumenta y, por ende, nuestro bienestar material. Si esto se verificara, tendríamos menos pobreza.

Precisamente, la preocupación por los niveles de pobreza debe mover a profundizar en la comprensión de los procesos de formación de precios. Es decir, ante el genuino -y muy humano- interés por mayor bienestar económico, es necesario que autoridades gubernamentales, periodistas, líderes de gremios y analistas comprendamos que existen limitantes institucionales que afectan los mercados e impiden que los precios sean menores. Este debiera ser el primer paso para poder avanzar hacia menores precios en la economía, y no limitar el análisis a la tesis: “Si los precios no se comportan como uno esperaría, es porque existe especulación”. Con el propósito de llegar a mejores políticas públicas, sería mejor preguntarse: “¿Existen las condiciones institucionales dentro de los mercados para que reducciones de costos se traduzcan en menores precios?”.

 

La competencia y los precios

Muchas veces los mismos economistas, en su afán por simplificar la realidad, distorsionan el análisis de cómo operan las economías. En ese afán por simplificar la realidad, contagian a los demás con modelos que no ayudan a entender las complejidades de la vida misma. Algunas herramientas son, además de simples, estáticas. Todo lo contrario al devenir humano y, por tanto, a la economía, que es compleja y dinámica.

Lo anterior se verifica cuando se piensa en la formación de los precios en términos del costo de los insumos. De forma simplista se ha llegado a formular que el precio de los productos se puede expresar en términos del costo de los insumos usados para producirlos. En consecuencia, la conclusión lógica parecería ser que a menores precios del petróleo, siendo este un insumo empleado de manera directa o indirecta en diferentes procesos, muchos bienes debieran tener precios menores.

La realidad es que el mundo no suele ser tan simple como pensamos. Y que los precios no están determinados, únicamente, por los costos de los insumos. Si así fuera, todas las empresas, en todo momento, generarían beneficios; no existirían las pérdidas. Bastaría con fijar el precio por encima del costo de los insumos. Pero lo cierto es que muchos productores, en algún momento, se ven precisados a vender por debajo del costo. Y hasta quebrar. En consecuencia, los precios no están determinados, de manera mecánica, por los costos de los insumos como se suele pensar.

La realidad es que los precios obedecen a otros factores. Existe una fuerza clave en el proceso de formación de los precios: la competencia. La cantidad ofertada de un bien, sus características, su calidad y su precio, están altamente determinados por la competencia entre productores que ofertan bienes para tratar de complacer a los consumidores.

La competencia es clave para entender los movimientos en los precios. La competencia es una fuerza que mueve a los productores a reducir precios. Si bien es cierto que podemos asumir que la mayoría de las veces los productores prefieren precios altos, también es cierto que lo contrario sucede con los compradores. Quienes demandan los bienes, los consumidores, esperan comprar al menor precio posible. Son dos fuerzas opuestas; determinando el precio. Y al final, bajo competencia, solo quien mejor puede complacer al consumidor es quien sale ganancioso.

En consecuencia, para entender cómo puede estar operando un mercado, es preciso analizar si dentro del mismo hay condiciones para que exista competencia. El análisis va más allá de si percibimos competencia. La pregunta que amerita respuesta es si el mercado en cuestión está libre de impedimentos institucionales que pudieran restringir la entrada de competidores nacionales y extranjeros. Es decir, “¿pueden percibir los productores la amenaza, actual o potencial, de nuevos competidores locales o extranjeros?”. Si la respuesta no es afirmativa; si existe alguna condición de tipo impositiva, arancelaria, legal o discrecional que favorezca el status quo, la dinámica de formación de menores precios queda limitada.

Así como la competencia reduce los precios, también reduce las ganancias. El mejor control de precios y, por ende, de las ganancias, es la competencia. Solo cuando se mantienen las condiciones institucionales para que exista competencia, se puede garantizar que los precios no serán determinados por los productores a su antojo. Aún si intentaran obtener beneficios altos por un tiempo, esas mismas ganancias atraerían a más competidores a llevar los precios hacia abajo. Por eso es que, reiteramos, el primer elemento para entender la dinámica de formación de precios dentro de un mercado es analizar si en el mismo existen limitaciones institucionales a la competencia. Estas limitaciones o arreglos institucionales, por definición, son establecidos o permitidos por los gobiernos nacionales.

 

Altos costos que afectan precios

Los arreglos institucionales no solo afectan la competencia, sino que elevan costos. Una estructura de costos alta que permee toda la economía determina que existan precios elevados. ¿Cuáles son algunos de los factores institucionales que mantienen la estructura de costos elevada en República Dominicana? Alta carga tributaria, mercados de combustibles con importantes distorsiones impositivas, excesivos costos laborales no salariales, y distorsiones en los diferentes componentes del mercado eléctrico, entre otros.

En adición a lo anterior, existen precios altos que resultan de estructuras de mercado donde la competencia está limitada por los arreglos institucionales, como mencionamos en la sección anterior. Este es el caso del transporte de carga; un mercado que está moldeado por la falta de aplicación de los códigos legales del país. Se puede observar que en ese mercado se limita, de facto, la participación como ofertantes a personas que no pertenecen a determinados gremios o grupos. Pero además de ese, existen otros mercados donde la competencia es limitada y, por ende, los precios tienden a ser más elevados.

 

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El tema de los altos costos en la economía ha sido tratado en diferentes artículos de CREES[1], sin embargo es necesario continuar enfatizando en el tema. Si no se hacen cambios en los factores que inciden en la estructura de costos, no tendremos precios más bajos. Por tanto, el poder adquisitivo de los dominicanos no se incrementará, y será más difícil obtener avances en la reducción de la pobreza.

 

Conclusión

El sistema económico que existe en República Dominicana, y en la mayoría de los países del mundo, es uno de ganancias y pérdidas. No es de lucro, como generalmente se piensa. Se puede ganar, como se puede perder. Porque los precios y las ganancias quedan limitados por la acción de la competencia. Pero para que opere la competencia, hay que revisar cuáles reglas, acciones o inacciones de las autoridades la pudieran estar restringiendo.  

Es muy legítima y necesaria la preocupación porque los consumidores dominicanos paguemos precios menores por los productos y servicios que consumimos. Esa es una forma adicional de contribuir a la reducción de la pobreza. Sin embargo, para que dicha preocupación tenga resultados beneficiosos es imprescindible que las mismas autoridades empiecen a someter propuestas de cambio, con fundamentos económicos. En consecuencia, es preciso implementar soluciones concretas, reformas estructurales que eliminen o disminuyan las barreras y distorsiones que inciden negativamente en la dinámica de formación de precios en República Dominicana.

 

 

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