La pandemia de Covid-19 tendrá un profundo impacto económico en República Dominicana durante 2020 y, previsiblemente, en el año 2021. El efecto sobre la economía proviene tanto del exterior, así como de las medidas de contención adoptadas internamente para el manejo de la expansión del virus.
República Dominicana tiene una dependencia importante de la industria turística cuyo tamaño se estima en un quinto de la actividad económica total. Varios factores afectarán el turismo en el país: 1) las restricciones a los vuelos internacionales, 2) la aprensión natural a emplear el transporte aéreo aún luego de que se produzca una desescalada local y en las economías emisoras de viajeros, 3) la caída en el ingreso de los ciudadanos de los países emisores de turistas, y 4) el impacto negativo sobre las tarifas de los hoteles. En las proyecciones de CREES para 2020, el ingreso de divisas por turismo sufriría una caída de entre 55% y 70% (ver documento Economía dominicana bajo COVID-19 y perspectivas a futuro)
La reducción en los ingresos en las principales economías del mundo se está traduciendo en menores remesas para los dominicanos. En consecuencia, las dos principales fuentes de ingreso de divisas del país, turismo y remesas, se verán afectadas de manera sensible durante el resto del año.
La menor actividad económica mundial se empezó a reflejar en las exportaciones de bienes nacionales y de zonas francas. De acuerdo con los datos de la Dirección General de Aduanas, la reducción de enero-abril fue de 2.4%; sin embargo, en el mes de abril las exportaciones del país cayeron 27.4% con respecto a 2019, una tendencia iniciada en marzo.
El impacto sobre el sector externo es muy importante en una economía pequeña como la dominicana. A esta situación se une el cierre temporal o permanente de empresas locales. Algunas de estas empresas fueron afectadas por las medidas de confinamiento, y también por la reducción en la actividad económica relacionada con el propio sector externo.
El panorama de la economía puede resumirse en menor actividad económica, menores ingresos de divisas, aumento del desempleo, reducción en el ingreso, aumento de la informalidad y menores recaudaciones impositivas.
La economía mundial y local están impactadas. Existen empresas que han desaparecido y empleos que han cesado de existir. Volver a crear los empleos destruidos tomará tiempo. El camino a la normalidad dependerá de, primero, de factores relacionados con salud, como tratamientos más efectivos y la disponibilidad de vacunas; y, por otro lado, de políticas públicas sanas, dirigidas a fortalecer los fundamentos de la economía.
En República Dominicana, las principales acciones de políticas públicas deberán estar destinadas a la implementación de reformas estructurales. Estas reformas deben orientarse a crear, de una vez, las condiciones que han faltado en el país para que existan los medios y el ambiente necesarios para la creación de más empleos formales que generen mayores ingresos a los dominicanos. El emprendimiento, en todos los niveles de la sociedad, es la única fuente de riqueza permanente y la base para levantar de la pobreza a una sociedad. El fortalecimiento de las instituciones políticas y jurídicas, la reducción de procesos burocráticos y permisología, las reformas en el sector eléctrico, en la previsión social, en el sector transporte, en el mercado de hidrocarburos y en la legislación laboral, entre otras, serán la base para una nueva República Dominicana.
En el muy corto plazo, la principal acción a tomar por las autoridades debe ser someter un presupuesto complementario para el año 2020. El gasto en salud debe ser la prioridad para reducir las probabilidades de contagio y para atender a la población que depende de los servicios públicos hospitalarios. La referencia del gasto total que se adopte para el nuevo presupuesto debe ser el año 2019. El gasto presupuestado originalmente para 2020 no debe ser el referente ya que no será posible financiarlo como estaba previsto originalmente. Todo gasto debe ser bien priorizado y, en este sentido deben realizarse los ajustes necesarios para su control y lograr la mejor reasignación entre ministerios.
Aún con control del gasto, los menores ingresos tributarios ocasionarán un déficit fiscal superior al que estaba originalmente presupuestado. Esto será inevitable. La forma como se financie ese déficit podría incidir sobre la estabilidad de los precios. En este contexto, el déficit no debe financiarse con transferencias del Banco Central hacia el sector público no financiero. Es decir, no debe haber financiamiento proveniente de lo que tradicionalmente se ha conocido como "dinero inorgánico", o financiamiento inflacionario.
Las políticas que provocan depreciación e inflación crean lo que puede ser denominado "desigualdad por diseño", ya que el impacto de los aumentos de precios suele ser mayor en los grupos de menores ingresos. En consecuencia, en esta coyuntura es necesario que el financiamiento sea realizado por medio de una emisión en los mercados internacionales. Una sana administración de las finanzas públicas indica que el endeudamiento es la opción para las condiciones de emergencia, en las cuales es fundamental evitar que el manejo de las finanzas públicas y su financiamiento puedan afectar a los más necesitados del país. Esto también implica que la disciplina fiscal es más importante que nunca. En estas circunstancias adquiere relevancia capital adoptar una senda de sostenibilidad por medio de medidas de responsabilidad fiscal.
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