CREES

El progreso humano ha estado determinado por la medida como los seres humanos hemos podido emplear nuestros conocimientos y ponerlos al servicio de los demás. Este proceso se da a través de los intercambios que se producen a diario, de forma pacífica y voluntaria, entre personas desconocidas entre sí. Personas, que buscando la forma de mejorar sus propias vidas, crean bienes que otros valoran y que les ayudan, igualmente, a mejorar las suyas.

Esos intercambios son tan antiguos como la capacidad humana de poder comunicarse. Desde que los seres humanos percibieron que podían mejorar su condición material por medio del intercambio, han estado cooperando unos con otros.

¿Qué ha facilitado que cada vez se produzca mayor cantidad de conocimiento al servicio de los demás seres humanos? ¿Cómo se ha optimizado esa mayor cantidad de conocimiento? Sin duda alguna, la ley y el respeto a los derechos de propiedad y a la libertad de contratación son instituciones que han ayudado en este proceso.

La ley, en sentido general, recibe su autoridad de la convicción que tienen los ciudadanos de los beneficios que provienen de su reconocimiento. Es decir, una ley es buena en la medida en que es adoptada por los ciudadanos y reconocida porque facilita la vida en sociedad. Su fin último es, en este sentido, promover la certidumbre. Sin duda alguna, este es el fin que tienen los derechos de propiedad y los contratos.

Pero el papel de los derechos de propiedad va más allá; tienen una parte más sutil. Cuando alguien puede intercambiar un bien porque es de su propiedad y posee todos los derechos sobre el mismo, en esa medida puede ponerlo a disposición de otros. Cuando realiza ese intercambio con otros, puede saber qué valoran esas personas del bien y poder complacerlos mejor. Solo por el intercambio podría este empresario saber qué quieren sus clientes. Pero solo porque ambas partes tienen garantizados el traspaso de los derechos de propiedad sobre el objeto intercambiado, y pueden entablar contratos libremente, es que se pueden generar estos intercambios e intercambio de conocimiento.

Cuando la garantía de los derechos de propiedad por la autoridad es dudosa, existen menos oportunidades de colaboración, los procesos de intercambio resultan costosos y no siempre redundan en igual beneficio para las partes. En consecuencia, la base del progreso humano necesita leyes imparciales que garanticen la propiedad y los intercambios voluntarios.  Su existencia contribuye al orden, a la convivencia y a la cooperación de los miembros de la comunidad. 

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