CREES

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A raíz de la crisis financiera internacional del 2007, los bancos centrales de las mayores economías del mundo se enfocaron en dinamizar las economías de sus países y hacerlas crecer. Para esto, se apoyaron en una expansión monetaria sin precedentes (ampliación de bases monetarias) y, en los últimos meses, con mecanismos no convencionales como es la reducción de las tasas de interés a mínimos históricos. A pesar de las medidas tomadas, el fracaso de las políticas monetarias para promover el empleo e impulsar el crecimiento de las economías ha llevado a los bancos centrales a adoptar tasas negativas. En la gráfica se aprecian las tasas negativas de los principales bancos centrales del mundo, siendo -0.58% la tasa del Banco Central de Suiza, -0.40% la tasa del Banco Central Europeo, -0.10% la tasa del Banco Central de Japón, 0.38% la tasa de la Reserva Federal y 0.5% la tasa del Banco Central de Inglaterra, manteniéndolas relativamente cercanas a 0%. Las tasas artificialmente bajas ha contribuido a la inflación de precios de cierto activos financieros, como acciones y bonos, creando burbujas que distorsionan la toma de decisiones en los mercados. Otro efecto negativo de las tasas artificialmente negativas o bajas es que no han incentivado la formación de capital, elemento esencial para el desarrollo y crecimiento económico. Estas distorsiones desincentivan el ahorro, repercutiendo directamente en la inversión, y afectando negativamente la valoración de los principales bancos europeos. 

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