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Recientemente, en Estados Unidos se aprobó la aplicación de aranceles a las importaciones de acero y aluminio, con la finalidad de proteger a la industria siderúrgica norteamericana de sus competidores del internacionales, principalmente, las procedentes de China. Sin embargo, como se muestra en la gráfica y contrario a lo planteado por las autoridades de los Estados Unidos, estos aranceles terminarían perjudicando en mayor medida a la economía de numerosos países aliados que a sus “enemigos comerciales”.

Durante el 2017, los Estados Unidos importa US$30,999.4 millones en acero, de los cuales solo el 3% procedieron de China y el 5% de Rusia, es decir, un 8% sumando ambos países. Sin embargo, la mayor proporción de las importaciones de acero procedieron de países aliados y con los que Estados Unidos tiene estrechas relaciones comerciales, como: Canadá con el 18% de las importaciones de acero; Corea del Sur, 10%; México, 9%; Brasil, 9%; Alemania, 6%; Japón, 6%; entre otros.

En última instancia, estos aranceles no solo perjudicarán a los países exportadores de acero y aluminio sino también a la propia economía estadounidense,  al elevar los costes de producción de los bienes y servicios que los utilicen como insumo para su producción, lo que repercutiría negativamente en la competitividad de las empresas. Por otro lado, estos aranceles pudieran dar lugar a una guerra comercial, especialmente con China y la Unión Europea.

 

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