Autor: Eduardo García Michel
Fuente: www.diariolibre.com
Fecha: 22 Abril 2014
El profesor Vitriólico continúa el debate con su alumno sobre la política fiscal.
-Venerado filósofo Vitriólico, ¿en caso de que se discutiera el pacto fiscal habría reglas a tener en cuenta ?
-Si. Podría empezarse por establecer una ley de responsabilidad fiscal que obligue a los gobiernos a hacer un uso racional de los recursos públicos. Se necesita que las cuentas fiscales se mantengan equilibradas, sin déficit, y con superávit primario.
– Profesor, ¿equilibradas de qué? Eso es demasiado aburrido para un país donde el consumo es obsesión y el ahorro un castigo.
-Es penoso que esta regla del equilibrio fiscal haya sido sustituida por una sucesión de déficit que se producen sin ton ni son, que ha estado llevando a la acumulación de deuda pública ni siquiera relacionada con la creación de riqueza nacional o expansión de la infraestructura, sino con la acumulación de gasto estéril, que a su vez se convierte en motivo de presión para que se hagan "reformas tributarias".
-Filósofo, usted no se ha percatado de que la improvisación y el clientelismo son un juego excitante.
-Déjate de tonterías, mi alumno. Iniciativas tan generosas como el acuerdo con Petrocaribe se convierten en nocivas al ser tirados los recursos al zafacón para subsidiar el robo de energía o las enormes pérdidas en el sistema de distribución eléctrica, en vez de invertirlos, por ejemplo, para resolver la precariedad del sistema de distribución de electricidad o para incrementar el empleo y el nivel de ingresos con inversiones de capital.
-Profesor, es que cada maestro tiene su librito.
-Si, mi alumno, el uso de uno de esos libritos lleva al desarrollo, mientras que los otros conducen a la prolongación de la miseria. Eres libre de elegir. Algunos pudieran entender que el equilibrio fiscal y el superávit primario son propios de ideología conservadora, como si manejarse con disciplina estuviera reñido con el objetivo de promover la equidad.
-Si, filósofo, pero en esta materia no hay verdades absolutas, ¿no es así?
-El déficit y el dispendio fiscal solo reflejan una gestión mala e impropia de las finanzas públicas. Es por eso que la Unión Europea convirtió en norma constitucional el objetivo de déficit estructural cero.
-Bueno, admirado filósofo, para mi lo que hay es buenos o malos administradores. Políticos comprometidos con una visión de cambio o no comprometidos. La viña del Señor es diversa y contradictoria. Y cada cual está imbuido de sus propios criterios y responde de sus propias faltas.
– Si, pero un estadista debe proponerse generar ahorro corriente significativo para financiar la inversión pública con recursos propios, sanos.
-Usted se refiere a la diferencia entre ingresos y gastos corrientes, ¿no es así?
-Si. El ahorro corriente ha sido sustituido por endeudamiento al extremo de que pocas obras o inversiones en proyectos se realizan con ahorro público y el endeudamiento se utiliza ya hasta para realizar gasto corriente, como es el caso de los fondos prestados por organismos internacionales bajo la modalidad de "apoyo presupuestario", que podría traducirse como "apoyo para perpetuar el desequilibrio fiscal", con lo cual esos organismos introducen en las finanzas públicas el virus autodestructivo del caballo de Troya.
-Y ese caballito es tremendo, profesor, y muy de desconfiar.
-Otro aspecto, mi estimado alumno que también ha entrado en el olvido es que el gasto de capital debe alcanzar mayor preponderancia porque es la manera de ampliar la infraestructura económica e incrementar la riqueza nacional. Los países que se han propuesto dar un salto cualitativo han sacrificado consumo por ahorro como fuente básica de la inversión.
-Diantre, profesor, no me apabulle con su internacionalismo. Lo mío está en la ribera del Ozama.
-La inobservancia de las reglas expuestas, mi alumno, ha llevado a que el gasto agregado se vaya en consumo en más de un 90% del PIB y la tasa de ahorro e inversión sea baja; a que el sector externo reclame financiamiento cercano a cinco mil millones de dólares para poder solventar el déficit en cuenta corriente, amortizar la deuda pública y acumular montos precarios de reservas internacionales. Y, lo que es peor, a endeudarse cada vez más que es lo mismo que sacrificar a las nuevas generaciones por el consumo desbocado de las actuales. Y, todo esto para qué, mi estimado alumno, para qué. Esa es la verdadera cuestión.
-Ay maestro Vitriólico, no le de tan duro a la piñata que los caramelos van a volar y nos quedaremos sin nada.
-Mi alumno, no se trata de repartir la piñata, sino de algo más serio. Lo que se argumenta va dirigido en beneficio de este pueblo, afligido por los grandes fracasos de quienes han intentado gobernarlo, y solo han dejado desesperanza al concluir su mandato. Y pensar que si se hubieran propuesto ejercer un liderazgo creativo y sin temores a perder popularidad permanecerían en el recuerdo agradecido de una población que necesita que se rompa la barrera de ese miedo casi atávico.
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