En el año 2021 las pérdidas de energía de empresas distribuidoras de electricidad (EDE) ascendieron a 5,416.2 GWh. Esto, con relación a la compra de energía de este año de 16,602.3 GWh, representan unas pérdidas de 33.6%. Si a estas pérdidas se le suma el promedio de energía no cobrada en 2021, que fue de 4.9%, se estima que las pérdidas totales de energía eléctrica ascendieron a un 37.5% de la energía comprada en 2021; una reducción de 1.2 puntos porcentuales con respecto al porcentaje de 2020 y un aumento 7.0 puntos porcentuales con respecto al de 2019.
La distribuidora de energía con mayor porcentaje de pérdidas en 2021 fue Edeeste, con un 48.4% de la energía comprada, y a esta le siguieron Edesur y Edenorte con un 26.1% y 21.9%, respectivamente. En cuanto a la energía no cobrada, en Edeeste fue el 9.6%, en Edesur el 2.6% y en Edenorte el 3.7%.
Las pérdidas de energía, es decir, la energía que es comprada por las EDE y que no pueden facturar o cobrar, representan el principal componente del subsidio que estas compañías reciben del erario para poder continuar operando; recursos que, en su gran mayoría, son pagados por los ciudadanos en el presente con impuestos o en el futuro en forma de deuda pública.
Es importante corregir las deficiencias y los problemas de gestión de las distribuidoras de energía, mejorando los sistemas o equipos de medición de energía suministrada a los clientes; lo que tendría una incidencia en la recaudación de estas empresas. También, es necesaria una reforma al sector eléctrico donde la distribución de energía pase a ser administrada por el sector privado; una alternativa que ya ha sido planteado por la Dirección General de Alianzas Público-Privadas (DGAPP). Esto aligeraría el peso que se han convertido las EDE para el gobierno y propiciaría un servicio eléctrico menos costoso.
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