En febrero de 2022 la inflación interanual de Estados Unidos, es decir, la variación del Índice del Precios al Consumidor (IPC) con respecto a febrero de 2021, ascendió a 7.9%; una vez más el valor más alto en 40 años (desde enero de 1982).
La inflación en Estados Unidos ha sido resultado de la política monetaria expansiva de la Reserva Federal (Fed). Las históricamente bajas tasas de interés incentivaron la demanda de crédito, lo que generó una mayor oferta monetaria. Por otro lado, la Fed ha monetizado los déficits que ha provocado la política de gasto del gobierno estadounidense; una política que también provocó el aumentó de la demanda de bienes y servicios y, contribuyó al aumento de los precios.
Ya los bancos centrales del mundo han manifestado su compromiso de revertir la política monetaria expansiva adoptada. En particular, tanto la Fed como el Banco Central Europeo (BCE) han decidido poner fin a su compra de activos. Una política monetaria menos expansiva sería lo más importante para combatir la inflación; aún más ahora con el aumento en los precios de las materias primas. Sin embargo, esto no significa que los efectos de la expansión monetaria llevada a cabo internacionalmente aún seguirán afectando a los ciudadanos del mundo en el mediano plazo.
Es importante aclarar que, en cuanto al argumento de que los cuellos de botella en las cadenas de producción eran la principal causa del incremento en los precios, estos problemas pudieron haberse ajustado solos a partir del comportamiento de la oferta y demanda, sin embargo, ha sido el incremento en la demanda –incentivada por la política expansionista– lo que no ha permitido que se dé un equilibrio.
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