Autor: Miguel Collado
Fecha: 17 de julio de 2025
Este artículo fue publicado originalmente en la revista Forbes, junio – julio 2025.
Deseos de avances para República Dominicana
Cuando se publique este artículo ya estaremos a mediados de 2025. Pero, siempre es oportuno para los buenos deseos. Aprovecho la oportunidad para una lista de cambios deseables y necesarios para República Dominicana.
Ojalá el 2025 sea el año en el cual se realice una transformación tributaria que busque mejorar la situación de los hogares y empresas; de los ciudadanos. Que contrario a las reformas tributarias anteriores, incluyendo el proyecto introducido en octubre pasado, no pretenda ser un instrumento meramente recaudador y se convierta en una política pública para mejorar el clima de negocios y aumentar los procesos productivos, crear más empleos, y, por tanto, que aumenten los ingresos de los ciudadanos.
Que por fin veamos que República Dominicana puede atraer a inversionistas de calidad, de esos que cotizan en bolsas internacionales y que quieren colocar su capital en un país comprometido con la estabilidad fiscal y el avance institucional. Que los emprendedores, locales y foráneos, no demanden exenciones para invertir, porque el gobierno haya hecho su tarea de crear condiciones favorables para que sean competitivos internacionalmente.
En el conjunto de las instituciones, o de las reglas de juego de un país, el sistema tributario es uno de los protagonistas. Con la transformación tributaria, deseamos que se contemple eliminar figuras como el impuesto a los ahorros; la doble tributación que grava los dividendos; la figura que carga a las transferencias bancarias y a los cheques; que se elimine el selectivo a las telecomunicaciones y bienes como electrodomésticos.
Que se convierta el selectivo a los seguros en un IVA; que se amplíe la base del IVA y en tres años su tasa se lleve al 10%, no al 18%; que, con una revisión sensata de los demás selectivos, se reduzca el incentivo creado por estos impuestos al contrabando y a la falsificación; que se reduzca el número de anticipos a uno trimestral, y que sea llevado a uno la cantidad de formularios para cumplir con las obligaciones tributarias.
Todo lo anterior no estaría completo si el elemento más importante: llevar la tasa de impuesto sobre la renta a las personas y a las empresas a una que no sea superior al 18%.
El deseo general es poder reducir la evasión, la elusión, la informalidad y crear una economía más próspera y, por vía de consecuencia, contar con unas finanzas sostenibles por el lado de las recaudaciones. Continuar con el esfuerzo fiscalista de recaudar en el corto plazo, sin pensar en los efectos negativos sobre la economía, nos llevaría a la insostenibilidad de las recaudaciones en muy poco tiempo. Eso no es el deseo de la sociedad; por tanto, no debiera serlo para las autoridades.
Desde el punto de vista fiscal hay que aspirar al control del gasto corriente, con la reducción de instituciones, de personal y de prácticas clientelistas. En consecuencia, que sea una prioridad del gobierno, con los mayores ingresos de la reforma descrita y con el control del gasto, el compromiso con la reducción de los déficits y del endeudamiento. En este sentido, está entre los deseos revisar el artículo quinto de la ley de responsabilidad fiscal (Ley 35-24) para corregir la distorsión que contiene de suspender su única regla fiscal si se hace una reforma tributaria. ¿Queremos grado de inversión? Hagamos un compromiso férreo en materia fiscal.
Con relación al gasto, a la ciudadanía le daría más confianza ver evaluaciones ex ante y ex post de este. Esas evaluaciones debieran ser llevadas a efecto por firmas o individuos contratados internacionalmente. Lo anterior ayudaría con la confianza de que estén alejados de intereses particulares locales, políticos y privados.
Los inversionistas desearían arriesgar su capital en un país donde la burocracia sea mínima. Es preciso llevarla a que los procesos de constitución de empresas sean de horas. También desearían, como lo quieren los ciudadanos, un sistema eléctrico de calidad, confiable y que no sea necesario subsidiarlo con más de US$1,500 millones en un año.
En adición, todos desearían hidrocarburos más baratos, pero no de forma artificial, como en la actualidad. Por último, solo porque el presupuesto no alcanza para más, que se revise el sistema educativo con mayor participación de la sociedad civil; a partir de un presupuesto base cero. Diez años del 4% deben ser suficientes para convencer que por gastar más no se obtienen mejores servicios públicos.
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