CREES

Autor: Daniel De Lemos

Fecha: 27 de noviembre de 2025

Competitividad tributaria: lecciones del antiguo bloque soviético

En las últimas décadas, muchos países han adoptado políticas orientadas a mejorar su clima de inversión, lo que ha generado un entorno internacional más competitivo en este ámbito. Las economías que han logrado consolidar instituciones propicias para el ahorro, el emprendimiento y la innovación han registrado mejoras sostenidas en productividad y en niveles de vida. Por el contrario, aquellas que han mantenido estructuras fiscales poco competitivas, marcos regulatorios complejos y tasas impositivas elevadas han enfrentado mayores obstáculos para crear oportunidades económicas amplias. En este contexto, la trayectoria de los países del antiguo bloque soviético ofrece una referencia histórica relevante, tanto por la magnitud de sus reformas como por los resultados obtenidos.

Tras la caída del sistema soviético, la región emprendió profundas transformaciones institucionales. El objetivo central fue reemplazar la planificación económica, el control político de la producción y la asignación burocrática de recursos, por estructuras basadas en la propiedad privada, la libre iniciativa y la competencia. Aunque los procesos de transición fueron exigentes, abrieron espacio para el surgimiento de nuevas actividades productivas y nuevas inversiones. Como documenta la literatura académica, el retorno a las instituciones de mercado permitió que economías como la polaca aumentaran su ingreso y productividad a niveles impensables bajo el esquema anterior, liberando la capacidad creativa y productiva de la población.[1]

Un elemento crítico en ese proceso fue la reforma tributaria. El antiguo bloque soviético inició la década de los noventa con tasas de impuesto sobre la renta a las empresas que rondaban el 50%. Si bien estos niveles eran altos, representaban una mejora sustancial frente al sistema previo, caracterizado por una virtual extracción total de ingresos empresariales mediante el aparato estatal. A diferencia del modelo de planificación, en el que la propiedad privada era prácticamente inexistente y el excedente económico quedaba absorbido por el Estado, la introducción de impuestos corporativos formales constituyó un avance hacia la normalización fiscal y la creación de incentivos para producir y emprender.

Lo notable es que estos países no se detuvieron ahí. La reducción de tasas de impuesto sobre la renta a las empresas se convirtió en una pieza de estrategia económica orientada a atraer inversión, estimular la competencia y dinamizar el sector privado. De manera progresiva, la región inició un proceso de ajustes a la baja, reconociendo que tasas elevadas limitan la innovación, restringen la creación de empleo y dificultan la formación de capital. A mediados de los años 2000, el promedio del antiguo bloque estuvo ya por debajo de 25%, y durante la última década convergió hacia 16%.

En República Dominicana también se produjo una reducción sustancial durante los años noventa. En aquel período, el país avanzó hacia tasas corporativas más competitivas, alineadas a la tendencia global. Sin embargo, esa trayectoria positiva se estancó. Mientras la región ex-soviética mantuvo un proceso continuo de descenso, adaptándose a un entorno económico cambiante y altamente competitivo, la tasa dominicana se detuvo en niveles elevados. Esto condujo a que países que partían de posiciones mucho más débiles, con instituciones económicas profundamente deterioradas, terminaran posicionándose con tasas más competitivas.

Tanto República Dominicana como los países del antiguo bloque iniciaron un descenso en sus tasas, pero mientras aquellos sostuvieron la tendencia, el país quedó fijo en una tasa superior.

La siguiente tabla comparativa refuerza esta idea a nivel individual. Economías que enfrentaron crisis profundas en los años noventa —como Hungría, Bulgaria, Estonia, Georgia, Kazajistán o Lituania— avanzaron hacia tasas de impuesto sobre la renta a las empresas de entre 9% y 20%.

En el caso dominicano, la tasa de impuesto sobre la renta corporativa asciende actualmente a 27%. Este nivel ubica al país en la franja alta del espectro internacional: de 164 jurisdicciones alrededor del mundo, cerca del 68% aplica tasas más bajas. La comparación es todavía más notable frente a regiones como la Unión Europea que registra un promedio cercano a 17.5%.

Lo ocurrido en el antiguo bloque soviético muestra que las instituciones económicas pueden transformarse de manera profunda. La transición desde el control estatal absoluto hacia economías abiertas requirió fortalecer la propiedad privada, garantizar un marco jurídico estable y promover reglas claras. Como destaca la literatura económica, el progreso sostenido surge cuando existen condiciones para la innovación, el emprendimiento y la formación de capital, elementos que florecen cuando el Estado facilita —y no sustituye— los procesos propios de la sociedad civil.[2]

Si bien los países del antiguo bloque han logrado avances relevantes en materia de apertura y competitividad, su transformación no ha sido lineal ni exenta de dificultades. Muchos aún enfrentan retos institucionales.

República Dominicana se encuentra ante un reto similar: necesita fortalecer su capacidad de generar inversión productiva de largo plazo. Para ello, resulta indispensable evaluar la competitividad del marco tributario vigente en relación con el entorno internacional. Las tasas corporativas son un componente central de esa evaluación, pero no el único. La simplicidad normativa, la seguridad jurídica, la estabilidad regulatoria y el respeto al Estado de derecho son factores que influyen igualmente en la decisión de invertir.

Como recuerda la literatura económica que estudia procesos de crecimiento, las sociedades avanzan cuando existe un clima favorable para emprender y crear valor. [3] Tanto la teoría como la experiencia empírica sugieren que la expansión productiva surge desde la sociedad civil, mediante la cooperación voluntaria, la innovación y la competencia empresarial. El papel del Estado, desde esta perspectiva, consiste en asegurar reglas claras y condiciones estables, evitando cargar de manera excesiva al tejido productivo.

Los desafíos actuales ofrecen la oportunidad de retomar la agenda de competitividad que República Dominicana impulsó con fuerza en décadas anteriores. El país logró, en su momento, posicionarse como una economía con tasas tributarias corporativas relativamente atractivas en la región. No obstante, el entorno global evolucionó rápidamente, y otros países avanzaron con mayor decisión hacia esquemas fiscales más competitivos.

Hoy, resulta oportuno reflexionar sobre cuáles condiciones crean un ambiente favorable para la inversión, el empleo formal y la innovación en el largo plazo. La experiencia internacional muestra que los países que fortalecen sus instituciones económicas y mejoran su competitividad fiscal suelen expandir su capacidad productiva y aumentar los niveles de vida. Ese ha sido el caso de aquellos que han reducido gradualmente su carga tributaria corporativa como parte de un proceso más amplio de reformas.

República Dominicana puede beneficiarse de una reflexión seria en torno a estos elementos. No se trata de ver la tributación en aislamiento, sino como parte integral de un esfuerzo institucional orientado a consolidar bases sólidas para el desarrollo. El objetivo último es asegurar que la economía pueda generar más oportunidades, más bienestar y mayor prosperidad para todos.

[1] Boettke, P. J. (2021). The road to socialism and back: An economic history of Poland, 1939–2019.

[2] Aghion, P., Antonin, C., & Bunel, S. (2021). The power of creative destruction: Economic upheaval and the wealth of nations. The Belknap Press of Harvard University Press.

[3] North, D. C. (1990). Institutions, institutional change and economic performance. Cambridge University Press.

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