Autores: Miguel Collado Di Franco y Rolando Martínez Agüero
Fecha: 13 de febrero del 2020
Introducción
En las relaciones sociales y económicas entre los individuos es necesario que surja un orden, ya sea espontáneo o deliberado. Las instituciones, como reglas del juego, son las responsables de que se produzca ese orden. Un orden institucional sano es importante porque garantiza los derechos a la vida, la libertad y la propiedad, lo que conduce hacia sociedades más prósperas e inclusivas.
Las instituciones, en sentido general, contribuyen a mantener la confianza de los ciudadanos en sus interacciones. La igualdad ante la ley, la protección de los derechos de propiedad, el cumplimiento de los contratos y la separación de los poderes del Estado para que actúen como contrapesos entre sí, son algunas características de una sociedad con un orden institucional que favorece el desarrollo socioeconómico. Sin embargo, República Dominicana evidencia que se aleja de ser una sociedad que cuente con instituciones fuertes y un orden que pueda garantizar una sociedad basada en estos elementos básicos[1].
Dos índices de publicación reciente evidencian: 1) debilidades en los fundamentos que permiten el funcionamiento de la democracia dominicana, y 2) aumento en la percepción de la corrupción, una consecuencia de deterioro en el Estado de Derecho. En las próximas secciones mostramos resultados de ambas mediciones: del Índice de Democracia de la Unidad de Inteligencia de The Economist y del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. Ambos instrumentos reflejan la necesidad de reformas que contribuyan a mejorar las instituciones del país.
Democracia
Dentro de las democracias fuertes debe existir una representatividad efectiva por medio de partidos políticos a través de los cuales se produzca la participación plural de los ciudadanos en certámenes electorales que ofrezcan garantías a los participantes. En adición, las democracias deben garantizar la separación de poderes para la protección de los derechos fundamentales de los ciudadanos; y tienen que funcionar de manera tal que existan consecuencias para quienes no cumplan con las normas.
Un instrumento para medir el estado de la democracia de un país es el Índice de Democracia de la unidad de inteligencia de The Economist. Dentro del índice, la puntuación general de cada país es el promedio de la puntuación de las cinco categorías del índice: proceso electoral y pluralismo, funcionamiento del gobierno, participación política, cultura política, y libertades civiles. De acuerdo con la puntuación obtenida, los países son clasificados como democracias plenas, democracias imperfectas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios.
República Dominicana se encuentra clasificada dentro del grupo de países con clasificados como democracias imperfectas. La Gráfica No. 1 muestra que la puntuación de República Dominicana se ha reducido con el tiempo. Los datos disponibles del índice señalan que la puntuación máxima fue alcanzada en 2013 y desde entonces la calidad de la democracia ha descendido.
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Al analizar la evolución de la puntuación de República Dominicana por sus componentes, es posible apreciar la caída en funcionamiento del gobierno. Esta categoría refleja menor transparencia pública, mayor corrupción y menor rendición de cuenta de los funcionarios gubernamentales electos. El deterioro en funcionamiento del gobierno ha estado acompañado de una disminución en la puntuación en cultura política, una medida que está asociada con el grado en que prevalecen los valores democráticos dentro de la sociedad. De igual forma, el resultado de República Dominicana está afectado por la pérdida de libertades civiles, reflejada por la categoría que lleva ese nombre. Llama la atención el aumento en participación política en el año 2017, lo cual podría estar motivado por un deseo de ciudadanos por propiciar un cambio. De igual forma, se aprecia que el aumento en la participación política ha estado acompañado de una mejora en el pluralismo (Gráfica No. 2).
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En América Latina, solo Uruguay, Costa Rica y Chile están el tope de los países considerados democracias plenas. Tres países con instituciones más fuertes que las del promedio de la región, y que no solo tienen un buen estado de la democracia, sino que también están entre los mejores de la región en índices como el de Imperio de la Ley. Bolivia es el país que experimentó un mayor deterioro del Índice de Democracia de la región, al pasar de 5.70 a 4.84 del año 2018 al 2019 (Gráfica No. 3).
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Es importante señalar que Noruega, Suecia, Nueva Zelanda y Finlandia son países que, no solo encabezan el ranking global del Índice de Democracia en 2019, sino que también se encuentran entre las primeras posiciones del incide de Imperio de la Ley. Esto pone en evidencia la importancia de democracias fuertes y representativas para lograr un Estado de Derecho que asegure las libertades, la igualdad ante la ley y los mecanismos de rendición de cuentas (Gráfica No. 4).
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Para lograr una democracia real es necesario, por un lado, la separación del poder, de manera tal que las funciones del gobierno no sean ejercidas por un solo grupo. Por otro lado, la justicia debe ser imparcial, de manera que todos los ciudadanos tengan los mismos derechos y se encuentren bajo la misma ley. En consecuencia, debe predominar un Estado de Derecho aplicado a todos los ciudadanos.
Corrupción
Otra forma de analizar cómo se encuentran funcionando las instituciones es por medio del funcionamiento del Estado de Derecho. El indicador de percepción de corrupción que tienen los ciudadanos sobre el manejo público es una herramienta en esta dirección. Cuando se percibe un alto nivel de corrupción en una sociedad, quiere decir que las normas o reglas del juego se han transformado para el enriquecimiento temporal de un grupo de actores públicos en asociación con entes privados.
Una mirada al Índice de Percepción de la Corrupción 2019 muestra que la percepción de corrupción en República Dominicana se encuentra siete puntos por debajo del promedio de América Latina, con una puntuación de 28. Como se puede apreciar, la percepción de corrupción de los países de la región se mantiene estancada, mientras que República Dominicana se encuentra peor que en años anteriores (Gráfica No. 5).
Además, la posición actual de la República Dominicana la sitúa dentro de los países percibidos como más corruptos para el año 2019. El país se encuentra en la posición 137 de los 180 analizados, siendo esta su peor posición alcanzada dentro del índice y una caída de 35 posiciones, con respecto a la mejor posición alcanzada por el país en el año 2015 (Gráfica No. 6).
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Los países con menor percepción de corrupción son Dinamarca y Nueva Zelanda con una puntuación de 87 (Gráfica No.7). Cabe destacar que Nueva Zelanda no solo destaca por calidad de las instituciones políticas, sino que también por sus las instituciones de mercado, siendo el país numero 1 en índice de la facilidad para hacer negocio (Doing Business). Además, Nueva Zelanda y Dinamarca han demostrado un desempeño sobresaliente en el Índice de Calidad Institucional al mantenerse en los tres primeros puestos en los últimos años.
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Nuevamente, Uruguay, Chile y Costa Rica se encuentran entre los mejores de América Latina dentro del Índice de Percepción de la Corrupción, hecho que sirve como evidencia la calidad institucional de estos países. De hecho, estos países destacan, entre los países de América Latina, en el Índice de Calidad Institucional por sus libertadas económicas y buenas instituciones políticas[1] (Gráfica No. 8).
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Consideraciones finales
Las instituciones se encargan de establecer orden y de crear un ambiente que propicia el progreso de las sociedades. Las instituciones proporcionan seguridad y protección a los ciudadanos, y favorecen que prevalezca un clima de orden que propicia los intercambios libres, pacíficos y voluntarios entre ellos. El desarrollo socioeconómico, por tanto, solo se logra en una sociedad con instituciones fuertes y un Estado de Derecho estable, confiable y no corrupto.
Los resultados del Índice de Democracia y del Índice de Percepción de la Corrupción muestran que República Dominicana refleja debilidades institucionales; estas debilidades hacen más difícil que sus ciudadanos puedan contar con un clima de estabilidad y certidumbre legal y política. Ambos índices reflejan también la disminución en la confianza de los ciudadanos en la forma como son administrados los recursos públicos.
En este año electoral, en el cual serán electas todas las autoridades del país, deberá surgir una agenda de reformas, entre las cuales deben figurar aquellas que fortalezcan las instituciones del país. En muchos casos, solo bastará con cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la república. Hasta que no tengamos un orden institucional bajo el cual los privilegios ante la ley sean la excepción, el desarrollo económico será lento y concentrado en quienes puedan beneficiarse en un estado de derecho corrupto y con privilegios.
[1] Para análisis previos, ver:
Infografía: Índice de Calidad Institucional 2019 (Mayo 2019)
Miguel Collado Di Franco. (2019). Índice Imperio de la Ley 2019: República Dominicana sigue retrocediendo. 14 de marzo 2019, de CREES.
Ernesto Selman. (2017). Instituciones políticas sanas: claves para el progreso económico. 14 de julio del 2017, de CREES.
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