CREES

Autor: Miguel Collado Di Franco

 

La preocupación por la pobreza se confunde muchas veces con la preocupación por la desigualdad de ingresos. En los países en desarrollo, donde el problema de la pobreza siempre está latente, ambas preocupaciones son casi perennes. En los países desarrollados, en cambio, la desigualdad de ingresos se torna un tema de discusión cuando la situación económica limita la generación de más riqueza, tal como es el caso del contexto actual luego de la crisis que inició en 2007. En días recientes en particular, a raíz de la reunión del Foro Económico Mundial 2014 y del discurso del Presidente Obama del Estado de la Unión 2014, la desigualdad ha surgido como tema de actualidad. Al mismo tiempo, también está teniendo importancia otro tópico muy estrechamente relacionado con las diferencias de ingresos, y de mayor relevancia para los economistas: la movilidad económica.

La capacidad de las personas de poder moverse a un nivel más alto de ingresos es el tema que más importancia tiene para quienes estudian los fenómenos sociales y económicos. Esta movilidad es de dos vías, algunos alcanzan un nivel superior y lo mantienen o siguen ascendiendo; otros, incluso del nivel de ingresos más alto, pueden descender. Es una dinámica constante que se da en todas las sociedades y está determinada por diferentes factores. En el caso del alivio de la pobreza adquiere vital importancia el análisis de la movilidad hacia arriba.

Es necesario señalar que la desigualdad económica no implica que no exista movilidad[1]. Estudios recientes, publicados en este mismo mes de enero de 2014, determinaron que la movilidad en Estados Unidos no se ha deteriorado, a pesar de que muchas personas piensan lo contrario[2]. Ambos estudios tienen como hallazgos que el incremento en la riqueza del grupo de mayor ingresos de Estados Unidos no ha afectado la movilidad hacia arriba en ese país. La generalidad de los ciudadanos no han visto afectada su capacidad de generar riqueza, independientemente de que unos han visto crecer más sus ingresos. Este es un hallazgo que es consistente con la idea bien comprendida por economistas y no economistas de que la economía no es un juego de suma cero en el que las ganancias de unos representan las pérdidas de otros. Todo lo contrario, el progreso material de la humanidad se ha debido, de manera preponderante, a la capacidad que han tenido muchos individuos de encontrar la forma de satisfacer las necesidades de los demás por medio de la cooperación voluntaria mediante la provisión de bienes y servicios. Mientras más valor otorgan las personas que adquieren los bienes y servicios a estos, mayores tienden a ser los ingresos para los emprendedores que los crean y comercializan.

Otro estudio, pero para la región de América Latina publicado en 2013 por el Banco Mundial dio a conocer el comportamiento que ha tenido la región en cuanto a movilidad de sus habitantes[3]. Uno de los principales resultados del estudio es “que al menos el 40% de los hogares de la región han ascendido de ‘clase socioeconómica’ entre 1995 y 2010.” A pesar de la pobreza existente y de factores que limitan la movilidad, en la medida en que las reformas estructurales realizadas principalmente en la década de 1990 han permitido la creación de mayores fuentes de ingresos, y más y mejores puestos de trabajo, de esa misma forma muchos hogares han podido incrementar sus ingresos de manera absoluta y relativa.

A pesar de esos resultados, la desigualdad y, en consecuencia, los altos niveles de pobreza siguen preocupando. La movilidad no es mayor por existir políticas públicas negativas y prácticas de los gobiernos que la limitan y que tienden a favorecer el enriquecimiento de unos individuos de la sociedad sobre otros. El problema de fondo, la injusticia que afecta muchas economías del mundo y de la cual la República Dominicana no es ajena, está relacionado con los privilegios que se obtienen desde el poder. Se trata de una cultura clientelista que debe ser abordada desde un punto de vista económico, social y político si en realidad se desea mejorar el nivel de vida promedio de los ciudadanos y favorecer, por ende, la movilidad hacia mayores niveles de ingresos.

Por políticas públicas negativas nos referimos, entre otras, a las prácticas de otorgamiento de crédito barato que propician los ciclos económicos, a las políticas de elevado gasto público que resultan en déficits que devienen en mayor endeudamiento e incrementos de impuestos; y, por supuesto, esas mismas políticas suelen traducirse en mayor inflación y devaluación cambiaria. Estas políticas inciden sobre todos los agentes económicos por cuanto se reflejan los niveles de ingresos y riqueza, y alteran las decisiones económicas de los mismos. Sin embargo, sobre el grupo que más incidencia negativa suelen tener es sobre quienes más necesitan incrementos de ingresos, los pobres. Ese es el grupo social más vulnerable por tener menor capacidad de protegerse de los efectos adversos de las políticas negativas.

En adición a políticas públicas con incidencias negativas existen prácticas clientelistas y de otorgamiento de privilegios que favorecen a algunos agentes económicos en detrimento de otros. Todos los agentes económicos que buscan beneficiarse del poder del gobierno, caen dentro de este grupo. Los privilegios pueden provenir en la forma de subsidios, exenciones, contratos especiales, concesiones de monopolios y créditos a tasas más bajas. Todas estas formas de prerrogativas implican que unos grupos son beneficiados sobre otros y que esos que obtienen los beneficios pueden adquirir ingresos más rápido que el resto de los miembros de la sociedad civil. Estas prácticas, que han adquirido notoriedad bajo el término crony capitalism en Estados Unidos, son viejas y conocidas en la generalidad de los países de América Latina.

Estas prácticas, junto con las políticas públicas negativas, representan un lastre para el desarrollo económico y constituyen una causa muy evidente de la desigualdad y de la limitación de la movilidad socioeconómica en los países que las padecen. Un análisis de la desigualdad y de la movilidad que no las toma en cuenta es incompleto. Los estudios recientes y por venir, las discusiones de acciones para disminuir la pobreza, así como las causas de la desigualdad de ingresos, deben considerar esta situación. De igual forma, los análisis sobre desigualdad debieran contener sugerencias de políticas públicas para la institución de condiciones para que la creación de riqueza provenga de la inversión y el trabajo productivo. El activo más importante que poseen los más pobres es su mano de obra, es decir, sus capacidades físicas e intelectuales. Por tanto, la mejor política para el alivio de la pobreza sigue siendo la creación de condiciones para aumentar el empleo productivo.

 


[1] Aún con movilidad, diferencias de ingresos serán parte de la dinámica humana por factores tales como distintas capacidades o talentos; las preferencias a trabajar más o menos, a invertir ahora o posteriormente, a ahorrar o gastar, a elegir una pareja con preferencias similares o distintas, a permanecer casados o a divorciarse; así como por el deseo de permanecer más tiempo estudiando y menos en el mercado de trabajo, o a disfrutar del ocio versus dedicar tiempo creando maneras de incrementar el bienestar de sus congéneres por las que puedan ser remunerados. Estos factores no son un listado definitivo y al mismo habría que añadir factores externos. El punto a enfatizar es que las personas pueden moverse entre diferentes niveles de ingresos sin que esto implique igualdad de resultados. Aún si todos los seres humanos fuéramos dotados de una cantidad igual de ingresos, por las diferencias anteriores, la manera como invertiríamos, gastaríamos o ahorraríamos ese ingreso serían diferentes entre individuos.

 

[3] Ferreira, F. et al. 2013. La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina. Washington DC: Banco Mundial.

 

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