CREES

Autores: Ernesto Selman y Maria Gabriela Rodríguez

 

 

Introducción

Éstos términos podrían sonar nuevos para algunas personas, ya que estamos acostumbrados a escuchar solo la palabra desempleo en los medios de comunicación. Lo que buscamos específicamente es la tasa de desempleo, para saber la fracción de la población que se encuentra sin trabajo, pero la verdad es que esta cifra significa mucho más. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define la desocupación abierta como el indicador que estima “aquellas personas en edad de trabajar que no estaban ocupadas, que habían llevado a cabo actividades de búsqueda de un puesto de trabajo durante un período reciente especificado, y que estaban actualmente disponibles para ocupar un puesto de trabajo en caso de que existiera la oportunidad de hacerlo”[1].

En la República Dominicana, la tasa de desempleo es proporcionada por el Banco Central de la República Dominicana (BCRD) luego de realizar la Encuesta Nacional de Fuerza de Trabajo en los meses de abril y octubre de cada año. Esta cifra no solo es requerida por los dominicanos, sino también por los organismos internacionales, quienes se encargan de realizar comparaciones y ofrecer promedios para la región. Por esta razón, es importante profundizar sobre las diferentes metodologías utilizadas para estimar el desempleo. Los dos indicadores más utilizados son: la tasa de desocupación abierta y la tasa de desocupación ampliada.

 

Estimando el desempleo

El Banco Central de la República Dominicana usa la siguiente definición de desocupación abierta: “la proporción de la Población Económicamente Activa que en el período de referencia (últimas cuatro semanas anteriores al levantamiento de la encuesta) hizo diligencias para conseguir un trabajo. Se calcula a través de la relación de la Población Desocupada Abierta entre la PEA (Ocupados más Desocupados Abiertos) según las recomendaciones de la OIT”. En específico, quienes califican como desocupados abiertos cumplen con los siguientes criterios:

  1. Tener 10 años o más;
  2. Haber declarado no tener trabajo;
  3. Estar disponibles para trabajar de inmediato; y,
  4. Haber realizado diligencias para buscar un trabajo en las últimas cuatro semanas"[2].

Pero, si una persona que estuvo mucho tiempo buscando empleo y al no encontrarlo, dejó de buscarlo “activamente”, pero está dispuesta a trabajar en cualquier momento ¿no se consideraría un desempleado? ¿O pasaría de pertenecer de la Población Económicamente Activa a la Inactiva? El segmento de la población que reúne éstas y otras características entran en una categoría llamada desocupación ampliada, definida por el BCRD como: “además de incluir a los desocupados abiertos, incluye aquellas personas que, aunque no estuvieran buscando activamente trabajo, se encuentran sin trabajo, pero habrían aceptado trabajar de inmediato de habérselo ofrecido”.  Este segmento incluye, entonces, a los desempleados ocultos o desalentados: personas que están dispuestos a aceptar un puesto de trabajo y que se dedican a otros asuntos por no conseguir esa fuente de empleo (quehaceres domésticos, estudiantes, recipientes de rentas de alquiler, de remesas y de intereses por ahorros, entre otros).

El problema no radica en qué tipo de personas incluir en cada grupo, sino: ¿cuál es la tasa de desocupación que expresa con mayor rigor la realidad del empleo en la República Dominicana? Cabe destacar que el BCRD desde el 2011 toma como tasa oficial la desocupación abierta. Sin embargo, si se procede a comparar las cifras, se puede distinguir una gran brecha entre ambas tasas. En la Gráfica No. 1 se observa cómo la tasa de desocupación ampliada, que incluye los desalentados, es más del doble que la tasa de desocupación abierta.

Grafica No. 1

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La importancia de saber lo que compone cada tasa, juega un papel significativo para hacer análisis más apropiados de políticas públicas que crean las condiciones de mercado en cuanto a la inversión, la producción y el empleo. Para esto hay que conocer cómo se comportan éstas y otras variables relacionadas con el mercado de trabajo en nuestro país. Como podemos ver en la Gráfica No. 2, la desocupación ampliada está compuesta en más de un 50% por los llamados desocupados ocultos o desalentados, mientras que el resto vienen siendo los desocupados abiertos.

Gráfica No. 2

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A ésta desocupación oculta, la OTI la define como la “Fuerza de Trabajo Potencial, es decir, todas las personas en edad de trabajar que, durante el periodo de referencia corto, no estaban ocupadas ni desocupadas”. Hay que destacar que durante el levantamiento de información a través de encuestas, esas personas estaban disponibles para aceptar un puesto de trabajo, aunque no estuvieran activamente buscándolo porque el mercado no ofrecía oportunidades para ello. 

La OIT destaca algunas de las causas del por qué la gente se desalienta: insuficiencias del mercado laboral, imposibilidad de encontrar un empleo adecuado, falta de experiencia o calificaciones, inexistencia de empleos en la zona o de empleos con las competencias adecuadas, pérdida reciente del empleo o el hecho de ser considerado demasiado joven o demasiado mayor para potenciales empleadores. Es por esto que las reformas en este mercado y otras áreas de la economía deberían enfocarse en crear las condiciones para generar oportunidades de empleo que puedan absorber no sólo los desocupados que se mantienen buscando empleo activamente, sino también  a los desalentados.

 

Inconsistencia en medición entre países

El uso de una u otra tasa de desocupación a nivel oficial por parte de los distintos países hace que la comparación internacional sea inconsistente, en el mejor de los casos.  En adición, el hecho de que se use una edad mínima diferente en los distintos países hace que la estimación del desempleo sea diferente entre los países.  De acuerdo al BCRD, la edad mínima para considerarse dentro de la fuerza de trabajo en Argentina y El Salvador es de 16 años; en Brasil, Chile, Costa Rica, Guatemala, Panamá y Venezuela es de 15 años; en México, Nicaragua, Perú y Uruguay es de 14 años; en Colombia, Ecuador, Honduras, Paraguay y República Dominicana es de 10 años.  Esto influye directamente en la cantidad de personas elegibles para formar parte de la Población Económicamente Activa, lo que tiene implicaciones en los ocupados y desocupados. En ese sentido, una base más amplia de personas que se asumen elegibles para participar en el mercado de trabajo implica tasas de desempleo menor, no importa si se busca estimar la tasa de desocupación abierta o ampliada.

Asimismo, el período de “búsqueda activa de trabajo” hace incomparable la medición de estos indicadores, ya que también varía de país en país. De acuerdo a los institutos de estadística de cada país y sus bancos centrales, algunos de los países de la región que no utilizan 4 semanas como su período de referencia para haber buscado trabajo son: Costa Rica (5 semanas), Perú (1 semana) y Paraguay (1 semana). Otro punto importante a la hora de analizar el desempleo son las políticas públicas que tienen incidencia directa sobre el mercado laboral, que afectan tanto la demanda como la oferta de trabajo.  En este aspecto, se pueden señalar la estructura del sistema tributario, leyes de salarios mínimos, poder de los sindicatos, compensaciones salariales, seguridad social, tercerización de servicios, incentivos a la informalidad laboral, empleo infantil, rigideces salariales, entre otras.

También, existen características personales que afectan la dinámica del mercado laboral, como son: nivel de escolaridad, formación y capacitación técnica, niveles de salubridad, cantidad de integrantes de un hogar y otros tipos de ingresos no salariales como remesas, transferencias gubernamentales y la zona de residencia. Todo ello afecta el flujo de personas que entran y salen de la fuerza laboral, alterando de esta forma la oferta y demanda de trabajo.

Toda esta actividad no se restringe a la economía local, sino también existe la movilidad de la mano de obra tanto entre zonas o regiones en un país, como entre países. Un documento del Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IDIAF) afirma que “la migración de los desocupados rurales está asociada a la mejoría relativa de las condiciones económicas básicas entre la zona urbana y la rural; además, es expresión del insuficiente dinamismo del mercado laboral rural para absorber nuevos puestos de trabajo”[3].

Todas las particularidades previamente mencionadas son las que provocan no solo los desplazamientos entre ocupados o desocupados, sino también las condiciones para ser económicamente activos o inactivos.  Además, las condiciones de una zona o economía en particular puede estimular la búsqueda de oportunidades o empleo en otras regiones o países. En todo caso, es importante contestar la pregunta que formulamos anteriormente: ¿cuál es la tasa de desempleo o desocupación más apropiada para la República Dominicana y otros países con características similares en cuanto a informalidad laboral?

 

Argumentos a favor del uso de la tasa de desocupación ampliada

Una economía con un mercado de trabajo plagado de informalidad implica que existe un alto componente de desalentados porque buscan oportunidades fuera del mercado legal o formal.  En muchos países se presenta un mercado de trabajo informal más amplio que el mercado laboral que funciona bajo las reglas de juego explícitas (leyes y regulaciones).  El mismo hecho que existan mercados laborales con una participación mayoritaria del empleo informal es un reflejo de la importancia de los trabajadores potenciales desalentados.  El empleo informal, por otro lado, representa alrededor del 56% del empleo en la República Dominicana, según el BCRD.  Como observamos anteriormente, los desempleados ocultos o desalentados representan alrededor del 60% de los desempleados dominicanos. 

Debido a que muchos países presentan un gran número de personas desalentadas, se ven en la necesidad de incluirlos en su medición del desempleo. Este es el caso de República Dominicana, debido a la gran magnitud que representan los desempleados ocultos, se recomienda tomar como referencia la tasa de desocupación ampliada (contrario a las nuevas prácticas que usan la tasa de desocupación abierta como la oficial) al momento de elaborar políticas públicas a favor de los desempleados.

Según Reta y Toler (2006) “el desempleo abierto no describe exhaustiva y excluyentemente el fenómeno del desempleo y, menos aun, de la presión sobre el mercado de trabajo. La preocupación por identificar el desempleo oculto involucra tanto el "rescate" de los desocupados desalentados clasificados operacionalmente entre los inactivos, como el "rescate" de los desocupados ocultos, paradójicamente, en la categoría de ocupados”[4].

Otro estudio realizado por el Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas en Argentina, concluyó que “la desocupación abierta no incluye, por lo tanto, otras formas de precariedad laboral tales como las referidas a las personas que realizan trabajos transitorios mientras buscan activamente una ocupación, aquellos que trabajan jornadas involuntariamente por debajo de lo normal, a los desocupados que han suspendido la búsqueda por falta de oportunidades visibles de empleo, a los ocupados en puestos por debajo de la remuneración mínima o en puestos por debajo de su calificación, etc”[5].

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México también se ha percatado de este problema y afirma en sus informes que “la desocupación abierta no sea, ni pretenda ser, la magnitud que exprese cuánta gente necesita trabajar en un lugar y momento determinados o la medida de cuán grande es el déficit de oportunidades laborales, en realidad lo que la desocupación abierta indica es la magnitud de la población que se comporta como buscadora de trabajo (esto es, cuántos individuos apuestan a su inserción en un mercado laboral) ante un déficit dado de oportunidades”[6].

“Se ha encontrado que cuando el desempleo se calcula conforme a la definición estándar internacional de la OIT (definición abierta), las tasas de desempleo de la mayoría de los países emergentes y en desarrollo son más bajas que las de algunos países de economía avanzada como E.E.U.U., Francia, Reino Unido, Italia, Finlandia y Suecia. Si un indicador de desempleo no puede discriminar entre la economía de estos últimos países y la dominicana, entonces, es pertinente preguntarse qué está midiendo realmente dicho indicador. Otro indicador complementario al desempleo arroja más luces sobre la subutilización de la fuerza laboral”[7].

Según el estudio “Barómetro del Mercado del Trabajo” publicado por la Universidad Autónoma de Santo Domingo en el 2013, se afirma que al medir el desempleo con la tasa de desocupación abierta, la República Dominicana queda como uno de los países de más bajo desempleo en la región de la América Latina y el Caribe. Por arriba estarían Panamá (5.4%), Trinidad Tobago (5.8%) y México (6.1%), pero por debajo, Honduras (6.8%), El Salvador (6.6%), Costa Rica (7.7%) y Nicaragua (9.8%). Hay que destacar que los países de la región que incluyen el desempleo oculto en sus tasas de desocupación ampliada son: Colombia, Ecuador, Panamá, Paraguay, Jamaica, Trinidad y Tobago, y Barbados.

La OIT advierte que “un bajo nivel de desempleo abierto no es necesariamente un indicador de bienestar, ni tampoco determina el punto en el que se encuentra un país de alcanzar una situación de pleno empleo. En general, refleja una pobreza generalizada donde un gran número de personas no pueden permitirse el lujo de estar desempleados y en búsqueda activa de un trabajo; en vez de eso, se ven obligadas a realizar trabajos esporádicos e informales o por cuenta propia en actividades informales en zonas urbanas y rurales con el propósito de sobrevivir. También han encontrado que estas tasas más amplias son más sensibles a los cambios en el ciclo económico que las definiciones de tasas estrechas”[8]. Lo que indica que si la razón del cambio de tasa oficial fue para la mejor explicación de los ciclos económicos, es la desocupación ampliada, no la abierta la que más se acerca a este escenario.

Por otro lado, si este cambio de tasa fue para “estandarizar la comparación internacional”, no conseguirá el objetivo, ya que debido a la gran variedad de condiciones en los mercados laborales de los distintos países, la OIT recomienda no una, sino cuatro tasas de desempleo para resaltar la realidad de este mercado y comparar en varios ámbitos la falta de empleo. Empiezan desde la más simple, incluyendo solo a los llamados desempleados abiertos, pasando por incluir medidas de subempleo, a los desempleados ocultos, y terminando con una medida que reúne todas estas variables. Ellos recomiendan adoptar 2 o 3 de estos indicadores para presentar las informaciones principales de manera nacional.  Las estadísticas dominicanas muestran que los desalentados son la mayoría de los desempleados y aun así la tasa de desocupación que se decidió adoptar como la tasa de desempleo no toman en cuenta esa realidad.

 

Medidas adicionales para el desempleo

Existe otro segmento de la población que se puede incluir para estimar las condiciones de empleo en una economía: el subempleo. Este es otro de los cuatro indicadores que recomienda la OIT para estimar las condiciones de empleo en una economía.  Según dicho organismo, el subempleo es la cantidad de personas en subocupación por falta de oportunidades de trabajo o insuficiencia tiempo de trabajo, definida cuando “las horas de trabajo de una persona ocupada son insuficientes en relación con una situación de empleo alternativo que esta persona desea desempeñar y está disponible para hacerlo”. En este sentido, el subempleo se refleja en una persona que esté en un trabajo de medio tiempo cuando pudiera estar trabajando en uno de tiempo completo para producir más y generar mayores ingresos.  

El BCRD no calcula ni ofrece datos de manera precisa para estimar el subempleo. Debido a esa falta de estadísticas, el subempleo podría calcularse observando la subutilización del empleo en el país.  En ese sentido, se tomarían de las estadísticas oficiales el número de personas con jornadas laborales de menos de 44 horas y, entre ellas, las que están dispuestas a trabajar más horas. En la Gráfica No. 3 se muestra la evolución de este grupo de personas a través del tiempo.

Gráfica No. 3

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Es obvio que el subempleo se va incrementando sostenidamente en el mercado laboral en la República Dominicana.  Al igual que los desalentados, los empleados que trabajan jornadas laborales cortas en contra de su voluntad representan un reto en términos de políticas públicas; es crítico tomar este factor en cuenta al momento de abordar reformas estructurales para mejorar el empleo.

En los años setenta, Estados Unidos se percató de éste problema, un Comisario de Estadísticas del Trabajo, Julius Shiskin, afirmó que “ninguna forma de medir el desempleo por sí sola puede satisfacer todos los intereses analíticos o ideológicos. En respuesta, creó una serie de indicadores de medición de la subutilización de la mano de obra para complementar la tasa de desempleo. Hoy en día la Oficina de Estadísticas Laborales ha concebido una gama de indicadores del desempleo (U-1 a U-6) que se publican sistemáticamente desde 1996”[9].

De la misma forma, según los lineamientos de la OIT, los cuatro indicadores para expresar la subutilización de la fuerza de trabajo son:

  1. SU1: “Tasa de desocupación”, se mide por la cantidad de personas desocupadas (abierta) entre la fuerza de trabajo (abierta).
  2. SU2: “Tasa combinada de subocupación por insuficiencia de tiempo de trabajo y desocupación”, incluye tanto las personas en subocupación por insuficiencia de tiempo de trabajo, como las personas desocupadas (abiertas), y se expresan en términos de la fuerza de trabajo (abierta).
  3. SU3: “Tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial”, es la que representa la desocupación ampliada, ya que suma a las personas desocupadas abiertas y a los desalentados, divido entre la fuerza de trabajo ampliada.
  4. SU4: “Medida compuesta de subutilización de la fuerza de trabajo”, es la composición de las personas en subocupación por insuficiencia de tiempo de trabajo, desocupadas abiertos y los desalentados, entre la fuerza de trabajo ampliada.

En la Gráfica No. 4 podemos examinar éstos cuatro indicadores para la República Dominicana.

Gráfica No. 4

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Conclusión

La estimación de los distintos indicadores recomendados por la OIT ayuda a resumir en pocas cifras las condiciones de empleo de un país, tomando en cuenta diferentes variables. El uso de distintos indicadores permite conocer con mayor profundidad la realidad laboral y tomar medidas de políticas públicas que puedan mejorar las condiciones laborales de los trabajadores.  Tomar solo la reducida tasa de desempleo abierto, fallaría en representar una realidad completa del mercado laboral, ya que no incluye al segmento más importante que conforman los desalentados.

Así mismo, la tasa de desocupación abierta no muestra qué tan lejos estamos de alcanzar el llamado pleno empleo, ni indica el bienestar o la falta de éste en la población. Esto es debido en parte a que no incluye las formas de precariedad laboral a las que se enfrentan los ciudadanos, ni toma en cuenta a las personas que aceptan trabajos temporales con menores salarios y menores horas de trabajo. Tampoco se integra en el análisis a los que se rindieron esperando una oferta laboral, ni los que tuvieron que aceptar un empleo por debajo de sus calificaciones.

La tasa de desempleo ampliada es la que brinda una mejor perspectiva de la problemática del desempleo debido a que integra el segmento de trabajadores desalentados que dejaron de buscar empleo por falta de oportunidades. En ese sentido, sería importante prestar mucha más atención a la tasa de desocupación ampliada, ya que muestra la vulnerabilidad laboral.  En adición, debería publicarse una estimación del subempleo para complementar el análisis. En todo caso, cuando un país refleja crecimiento económico, generalmente se acompaña de una disminución del desempleo.

Para finalizar, las políticas públicas que deben adoptarse en el futuro para enfrentar la problemática del desempleo deben orientarse a generar un ambiente propicio para la inversión, la producción y el empleo.  Junto a otros cambios fundamentales en la economía dominicana, es necesario implementar una reforma laboral que tienda a reducir los costos laborales no salariales.   Es decir, un sistema laboral flexible que reduzca los costos de contratación en la economía para generar mayor demanda de trabajo por parte de las empresas.

La mejor política social que puede adoptar un gobierno es crear las condiciones para que se generen empleos productivos a través de la inversión privada. La República Dominicana requiere adoptar un conjunto de reformas estructurales para reducir las barreras a la inversión y la producción, al tiempo de reducir los costos de vivir y hacer negocios. De esta forma, se propicia la creación de riquezas, la generación de puestos de trabajo y la mejora en la calidad de vida de los ciudadanos.

 


[1] Oficina Internacional de Trabajo (OIT). (2013). Informe III de la Conferencia: 19.a Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo. Ginebra, Suiza. Recuperado de http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—stat/documents/publication/wcms_234125.pdf

[2] Banco Central de la República Dominicana. (2014). Metodología de Encuesta de

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