La pandemia de Covid-19 tendrá un profundo impacto económico en República Dominicana durante 2020, y dejará efectos que continuarán sintiéndose en el año 2021. Las consecuencias han empezado a sentirse desde el mismo cierre casi total de la economía en marzo pasado. Sin embargo, las dimensiones del choque producido por la pandemia sobre la economía aún están por sentirse, y por ser asimiladas por los agentes económicos y las autoridades. La forma como pueda recuperarse la economía dependerá de las políticas que se adopten en el corto plazo. Es un tiempo de desafíos y de no adoptar una actitud de conformismo o complacencia.
La economía dominicana no estaba en su mejor momento antes del Covid-19. En 2019 la economía fue estimulada, nueva vez como en años recientes, por una liberalización de encaje legal realizada por el Banco Central. El pasado año estuvo matizado por incertidumbre político-institucional, por un sector externo caracterizado por un pobre desempeño de las exportaciones de bienes y por una industria turística afectada por la campaña mediática de la cual fue objeto. El 2020 ya traía el lastre de lo sucedido en el sector turismo y de los efectos del ciclo político sobre las decisiones de los agentes económicos. Entonces, llegó la pandemia.
República Dominicana es una economía que tiene un mercado interno pequeño en número de personas y por dimensión del ingreso. En consecuencia, el sector externo es fundamental para crecer de forma sana y sostenida. La pandemia de Covid-19 viene a impactar de forma particular las transacciones con el exterior y la entrada de divisas. Nuestra economía tiene una dependencia importante de la industria turística y varios factores afectarán su recuperación. Entre ellos: 1) las restricciones a los vuelos internacionales, 2) la aprensión natural de los viajeros a emplear el transporte aéreo, 3) la caída en el ingreso de los ciudadanos de los países emisores de turistas, y 4) la reducción en sus tarifas que realizarán muchos hoteles para recuperar ocupación.
Pensar que el turismo podrá recuperarse en 2O21, dada la realidad actual, es una posición muy optimista. En consecuencia, la economía no podrá depender de su principal industria generadora de empleos directos e indirectos, y la que tiene los mayores encadenamientos productivos locales, de la misma forma como lo ha hecho en años recientes.
Tampoco podremos pensar que la economía recibirá los mismos flujos de remesas que en años anteriores. La pandemia ha afectado el empleo y el ingreso de los inmigrantes en países como Estados Unidos, España e Italia, entre otros países. Aún con ingresos de ayudas estatales y/o de los provenientes de los seguros de desempleo que puedan recibir los dominicanos en el exterior, no es prudente estimar que contaremos con niveles de remesas similares a los de 2019.
Es oportuno mencionar que las proyecciones de contracción de la economía mundial han sido movidas hacia la baja desde abril a la fecha. El Fondo Monetario y el Banco Mundial han presentado cifras que indican una desaceleración mayor del crecimiento del PIB mundial durante 2020. Mientras avanza la pandemia, la realidad ha mostrado a los analistas de estos organismos que las dimensiones de la crisis mundial son superiores a las previstas originalmente. Mientras se dispone de más información, las proyecciones se ajustan más a la realidad. De su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en su escenario más conservador, presenta una desaceleración de 6.0% para la economía mundial; de 7.3% para Estados Unidos; y de 9.1% para la Unión Europea.
Mirar hacia afuera, tanto para ver las cifras de crecimiento, así como los fundamentos de la economía mundial, ayuda a comprender mejor el contexto del sector externo dominicano. Menor crecimiento en el mundo representa una reducción en el comercio entre países. Por consiguiente, las exportaciones no minerales de República Dominicana, tanto las nacionales como las de zonas francas, estarán expuestas a la reducción de la demanda mundial impuesta por la pandemia.
¿Qué está sucediendo dentro de la economía dominicana? El impacto externo está acrecentado por las medidas de contención que fueron impuestas a mediados de marzo. La economía se ha contraído, empresas han tenido que cerrar y ha aumentado el desempleo. Estas son consecuencias previsibles en todos los países, y en mayor medida en aquellos que, como República Dominicana, han extendido las medidas de contención. El panorama de la economía puede resumirse en menor actividad económica, menores ingresos de divisas, aumento en el desempleo, reducción en el ingreso promedio de los dominicanos, tendencia al aumento de la informalidad, el mayor proceso devaluatorio desde la crisis de 2003-2004 y reducción de las recaudaciones impositivas. De ese panorama es del cual debemos de salir. Pero para lograrlo será necesario tomar medidas efectivas, asumiendo fríamente que este episodio dejará secuelas en la economía si no se actúa de la forma debida.
El manejo de la economía será un reto para las autoridades que asuman en agosto próximo. Los cursos de acción podrían circunscribirse a dos grandes conjuntos de medidas. El primero sería continuar con la complacencia con que se ha manejado la economía y, en el mejor de los casos, realizar algunos cambios estructurales de forma tímida. Este modelo incluiría la introducción de algunos cambios mínimos de políticas públicas y la creación de nuevas dependencias para manejar mayor gasto público de proyectos específicos. En el centro de las decisiones estaría asumir que por medio de más gasto sustentado en endeudamiento público será posible sortear la crisis internacional y salir de la recesión.
La otra alternativa es emprender los cambios que la actual circunstancia requiere. Las condiciones económicas deberán llevar, por sí mismas, a la necesidad de realizar reformas estructurales. Un conjunto sano de medidas deberá estar dirigido a crear las condiciones que permitan recuperar la producción y los puestos de trabajo perdidos. Para eso se necesitarán reformas, algunas profundas que ameritarán coraje en su implementación. Será necesario crear las condiciones que no ha tenido la economía dominicana en muchos años para lograr un ambiente de mayor competitividad; y el establecimiento de un clima de negocios que propicie mayor inversión en emprendimientos formales. Es decir, reformas para crear riqueza y prosperidad.
El tema de la institucionalidad será uno de los primeros que deberá ser abordado. Las actividades económicas de producción, distribución, consumo, ahorro e inversión necesitan un marco legal estable, predecible y que no cree privilegios dentro de la sociedad. Para lograrlo, será necesario entender que un país no alcanza el pleno progreso socioeconómico si no se cumplen la constitución y las leyes. El mayor apego a las normas deberá estar acompañado de un fortalecimiento del Poder Judicial, con su debida independencia del poder político.
En un nuevo orden institucional que favorezca el crecimiento económico, será necesario adoptar medidas para reducir la discrecionalidad en la toma de decisiones públicas, realizar reformas a la estructura organizacional del Estado para su simplificación, reducir la cantidad de controles y permisos burocráticos y el tiempo en el que son otorgados, implementar el silencio administrativo, y adoptar un mejor régimen de rendición de cuentas y de consecuencias dentro de la administración pública.
La objetividad de los datos económicos será de mayor importancia dentro de la situación actual. En esta nueva realidad, los datos estadísticos serán fundamentales para diagnósticos objetivos de la realidad imperante. Dentro de una nueva institucionalidad, será necesario el establecimiento de un órgano estadístico independiente, que opere con transparencia y que esté dirigido por un consejo compuesto por profesionales reconocidos que no sean designados por el Ejecutivo.
Otro ámbito clave de las reformas es el relacionado con las finanzas públicas. Es imprescindible realizar una reforma integral al Código Tributario que simplifique el sistema actual. Menor crecimiento económico e incremento en la informalidad indican que es una reforma necesaria en los actuales momentos. El objetivo de la reforma tributaria debe ser ampliar las bases impositivas con tasas más bajas de impuestos; un proceso que debe ser acompañado de una simplificación en los requerimientos administrativos y de la eliminación de los impuestos que crean mayor distorsión en la economía. Ante una situación de bases impositivas erosionadas, este tipo de reforma es la mejor alternativa desde el punto de vista fiscal.
Las condiciones actuales ameritan una buena administración de los escasos recursos tributarios. En tal sentido, es necesario aplicar una Ley de Responsabilidad y Transparencia Fiscal con reglas fiscales, y que contemple la recapitalización del Banco Central de la República Dominicana (BCRD).
Estamos viviendo un momento de menores márgenes e ingresos corporativos, lo cual afecta al flujo de efectivo de las unidades empresariales. La pandemia ha impuesto costos nuevos a las empresas para poder operar con mayor seguridad para empleados y clientes. La depreciación cambiaria también ha afectado los costos. De igual forma empresas operan con menor escala, es decir, con reducción en volúmenes de producción. Estas circunstancias pueden impactar el capital de trabajo de algunas empresas. Sin embargo, incentivar el endeudamiento privado no es una forma sana de estimular el crecimiento y mejorar las finanzas de las empresas. Las razones de cobertura de los gastos financieros se podrían afectar en las circunstancias actuales; es decir, el dinero disponible para el pago de las obligaciones con los intermediarios financieros podría ser más escaso.
Con el anterior comentario sobre los flujos de efectivo de las empresas queremos resaltar que la forma de mejorar la posición de caja de los emprendimientos debe ser por medio de reformas que reduzcan costos en la economía, y no por el estímulo al endeudamiento. Una reforma impositiva como la planteada, por ejemplo, ayudará a aliviar el esfuerzo fiscal promedio en toda la economía. Dicho de otra forma, permitirá reducir el peso de los impuestos sobre los ciudadanos: como consumidores, empleados, ahorristas o emprendedores.
Una reforma impositiva también deberá estar relacionada con el mercado de hidrocarburos, cuya estructura impositiva debe ser revisada; así como sus precios determinados por la competencia entre participantes.
Por su parte, la muy necesitada y postergada reforma al sector eléctrico permitirá mejorar las finanzas públicas, y de las mismas empresas. En ese sentido, sería necesario empezar revisando la ley General de Electricidad y la ley de Energía y Minas en lo relacionado a energía eléctrica. De igual forma, licitar contratos de administración externa de las EDE con objetivos e indicadores de eficiencia. Otra medida importante sería licitar contratos de generación eléctrica con reglas claras y transparentes. Estas, y otras acciones, deben permitir la estabilidad del sector eléctrico y disminuir sus costos, entre ellos los subsidios, que deben ser reducidos de forma escalonada.
El sector transporte es otro factor de costos que amerita atención para reducir su impacto sobre las empresas. De inicio deben aplicarse las sentencias del Tribunal Constitucional y del Tribunal Superior Administrativo relacionadas con el monopolio de transporte. De igual forma, realizar un ordenamiento de rutas con licitaciones transparentes, entre otras acciones en ese sector.
Si algo ha probado esta pandemia es que aquellas economías con mercados laborales más flexibles pueden volver a emplear más rápidamente a quienes han quedado cesantes. En consecuencia, es necesario reformar el mercado laboral dominicano. En ese sentido, se deben implementar las reformas procedimentales acordadas, reducir costos laborales no salariales, flexibilizar la contratación y los horarios en el mercado laboral y establecer un seguro de cesantía. Estas son algunas acciones que ayudarían a evitar el incremento de la informalidad y del desempleo.
Las anteriores son algunas de las principales reformas estructurales que entendemos deben iniciarse desde agosto próximo. Sin estos cambios se corre el riesgo de alcanzar niveles muy altos de desempleo, de que tengamos mayor nivel de informalidad y de recorrer un más largo camino para la recuperación económica. Todo lo anterior acompañado de mayor endeudamiento con frágiles finanzas públicas y con un banco central con menos reservas internacionales. Los tiempos ameritan cambios para enfrentar la realidad que nos arropa y para romper con la complacencia que por muchos años ha caracterizado al manejo de la economía dominicana.
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