Autor: Gustavo Volmar
Fecha: 5 de septiembre, 2016.
Extraído de diariolibre.com
La contundente intervención del director de la DGII ante la Cámara Americana de Comercio fue un verdadero llamado a la conciencia nacional en torno a las consecuencias de la evasión fiscal sobre la desigualdad económica y la capacidad del Estado de suplir los servicios que la población demanda.
Es interesante observar la relación que él describe entre los bajos salarios prevalecientes en el país y las recaudaciones del impuesto sobre la renta sobre las personas físicas, la cual pone de relieve la vinculación que hay entre la inequidad de la distribución del ingreso y el pago de los impuestos, creando un doble perjuicio para los trabajadores, pues a sus bajos salarios se suma la incapacidad del Estado de proveerles servicios públicos adecuados.
Ninguno de los asistentes al almuerzo de la Cámara se dio por aludido, pero la larga lista de prácticas utilizadas para dejar de cumplir con las obligaciones tributarias dejó a pocos ámbitos sin tocar, desde los profesionales que cobran en efectivo a los receptores de dividendos provenientes de zonas francas, los trucos con las exenciones del ITBID, los adquirientes de bienes con comprobante fiscal, las jugarretas con los precios de transferencia, los chinos de la Duarte, y los que compraron los 32 Ferraris, los 5 Roll Royces y el Aston Martin.
Una coincidencia deplorable incidió sobre el impacto del discurso, el cual tuvo que compartir los titulares de las noticias con los reportes sobre los aumentos de sueldos dispuestos o pretendidos por nuestros congresistas, incrementos que exceden varias veces los bajos salarios promedio de sus compatriotas. Aunque la función de la DGII es recaudar, es indudable que la forma cómo se gastan los recursos recaudados afecta la disposición pública de pagar impuestos, y ayuda a justificar la evasión como un mecanismo de defensa contra un sistema ineficiente diseñado para beneficio de los políticos y sus allegados.
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