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De acuerdo con el conteo que realiza Baker Hughes, el número de pozos de petróleo operando de Estados Unidos –el mayor productor de crudo en el mundo– pasó de de 793 pozos al inicio de marzo de 2020 a 244 en agosto de 2020, una caída de un 69.2% como consecuencia del impacto de la pandemia de COVID-19.

Desde entonces, el número de pozos activos de Estados Unidos ha ascendido a unos 576 pozos; una recuperación de 136.1% en los últimos 16 meses. Sin embargo, el conteo de pozos de petróleo operando aún se encuentra un 27.4% por debajo del nivel previo al inicio de la pandemia.

A raíz de la reducción en la actividad económica en el 2020, los productores de petróleo se vieron forzados a hacer recortes en su producción. Esto provocó que se verificara un aumento en los precios del petróleo. En adición a esto, el incremento en la demanda a un ritmo mayor que la oferta, como consecuencia de la reactivación de la economía mundial y de los estímulos fiscales y monetarios, también impulsó el precio del petróleo.

Existe incertidumbre acerca del ritmo de recuperación de la producción de petróleo. Sin bien las expectativas son de un aumento en la producción, también se esperaría que el consumo siga creciendo en los próximos meses. Esto significa que en el mediano plazo se podríamos tener un petróleo a precios más bajos, pero aún superiores a los de antes de la pandemia; un factor que seguirá estimulando la inflación de precios actual, a pesar de las reducciones en las emisiones monetarias.

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