Autor: Ernesto Selman
Bienes de capital, inversiones y ahorro
La creación de riquezas en una economía significa que se instalan y ponen en marcha procesos productivos que generan bienes y servicios que los consumidores valoran y están dispuestos a pagar por ellos; sin importar dónde estén ubicados geográficamente. En la época moderna, todos los procesos productivos requieren de bienes de capital. Como sabemos, los bienes de capital son bienes reproducibles por el ser humano para producir otros bienes y servicios. Es decir, los bienes de capital no pueden satisfacer directamente a consumidores, sino que sólo pueden utilizarse en procesos de producción de bienes de consumo final.
Es ampliamente reconocido por los economistas, incluso de doctrinas colectivistas, que la formación de capital es crítica para el incremento de ingresos de una población y que un mejor nivel de vida requiere de mayor producción. En efecto, los países con mayor nivel de vida e ingresos tienen los mayores niveles de inversión de capital y presentan tasas más elevadas de producción por habitante (o PIB per cápita). Más y mejores maquinarias y equipos permiten que los trabajadores puedan producir más bienes y servicios.
En el vocabulario de los economistas, un incremento en la cantidad de bienes de capital disponibles conlleva a un aumento en la productividad marginal del factor trabajo y, en consecuencia, se incrementan los ingresos de los trabajadores. Por ejemplo, un trabajador del campo que utiliza un buey con una yunta para arar la tierra es mucho menos productivo que uno que utilice un tractor para esos mismos fines; mejor maquinaria implica un incremento en productividad. Otros factores que pueden incrementar la productividad de los trabajadores y, en consecuencia sus ingresos son: a. Mejor formación y adiestramiento; b. Mayor aplicación y disciplina de los trabajadores; y, c. Mejores procesos organizacionales.
Sin embargo, la manera más efectiva de originar formación de capital e incrementar el empleo y los ingresos de los trabajadores es por medio de inversiones en nuevos proyectos y procesos productivos. En adición al incremento de los ingresos de trabajadores previamente ocupados, las nuevas inversiones permiten la creación de más y mejores puestos de trabajos. Todos los bienes de capital requieren de las capacidades físicas y mentales de personas para llevar a cabo los procesos productivos donde están asignados. De nuevo, en el vocabulario de los economistas, la mano de obra sirve como factor complementario a los bienes de capital, junto con la tierra, en los procesos de producción.
Ahora bien, toda nueva inversión requiere que haya un ahorro previo, ya sea ahorros personales y/o ganancias empresariales que se destinen a la re-inversión; no importa dónde estén ubicados geográficamente. En este sentido, un país puede no generar ahorros suficientes para un nivel de inversión dado y recibir inversiones del extranjero por ahorros y/o ganancias previas generadas fuera del territorio donde se invierte.
El caso de la República Dominicana
En el caso de la República Dominicana, el ahorro interno del sector privado no ha podido traducirse a nuevos proyectos de inversión a los niveles que requiere nuestra economía para su desarrollo debido, principalmente, a un ambiente de negocios poco propicio para realizar inversiones en proyectos intensivos en capital y a mercados financieros poco profundos (i.e. mercado de valores incipiente). Es decir, debido a que los mecanismos que existen para traducir el ahorro a la inversión son limitados y por altos costos transaccionales que limitan las inversiones en la economía dominicana[1].
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El sistema previsional de capitalización individual que se implantó en 2001 bajo la Ley 87-01 ha coadyuvado al incremento del ahorro privado en la República Dominicana. En efecto, los fondos de pensiones administrados por las AFPs han pasado de casi RD$6,849.9 millones en 31-Dic-2003 a RD$154,672.2 millones en 31-Dic-2011; esto representaba unos US$3,995 millones al final de 2011. Sin embargo, esos fondos de los trabajadores dominicanos no han podido traducirse a las inversiones por mercados de capitales limitados. Llama la atención que el 49% de los fondos de pensiones sirve para el manejo de política monetaria, dado que RD$70,681.7 millones están colocados en valores emitidos por el BCRD. En consecuencia, este monto no se puede destinar a las inversiones de capital ni a proyectos productivos en la economía. Otro 37.8% están colocados en los intermediarios financieros.
Por otro lado, los depósitos de los agentes económicos en el sistema financiero no se han podido traducir en inversiones de capital por baja demanda de esos fondos prestables. Según la Superintendencia de Bancos, al 31-Dic-2011 existían unos RD$719,730.7 millones en captaciones del sistema financiero. Este monto es similar al que publica el BCRD bajo el concepto de depósitos y valores distintos a acciones en los intermediarios financieros para esa misma fecha, equivalente a RD$716,405.1 millones; es posible que la diferencia se deba a los tipos de cambio diferentes a los depósitos en dólares estadounidenses. Si se descuentan los RD$54,401.7 millones de los fondos de pensiones colocados en los intermediarios financieros con el fin de evitar doble contabilidad, el monto neto de depósitos estaría entre unos RD$662,003.4 y RD$665,329.0 millones al cierre de 2011; esta última cifra equivale a unos US$17,183.1 millones.
A su vez, los intermediarios financieros habían otorgado préstamos por RD$506,563.8 millones al final del 2011, según el BCRD. Los datos publicados por la Superintendencia de Bancos indican que la cartera de crédito del sistema financiero en su conjunto era de RD$499,324.3 millones al cierre de 2011; esto equivale a unos US$12,895.8 millones. La cartera de crédito del sistema financiero en su conjunto se desglosa como sigue: a. Préstamos Comerciales (59.4%); b. Préstamos de Consumo (22.4%); y, Préstamos Hipotecarios (18.2%).
Lo que observamos en el sistema financiero es que existen unos RD$165,000 millones de depósitos que no se han colocado en préstamos y es lo que estarían disponibles para la inversión futura; esto equivaldría a unos US$4,260 millones al cierre de 2011. Es muy probable que el exceso de liquidez que se creó por el rescate bancario y la crisis del 2003 haya influenciado con este nivel de ahorro en los intermediarios financieros, pero la realidad es que la economía no ha demandado esos recursos para la inversión. Mientras se podría argumentar que el sistema financiero no está cumpliendo con su función de intermediación a cabalidad, la falta de un ambiente propicio para las inversiones y los negocios podría estar provocando una baja demanda de recursos con potencial a traducirse en inversión de capital.
Pero, aún fuese posible traducir todo el ahorro interno en inversión en el mediano plazo, todavía el nivel de inversiones de capital sería limitado para que los ingresos reales de los dominicanos se equiparen a los ingresos de habitantes en países con altos niveles de ingreso. En consecuencia, la República Dominicana requiere de inversión extranjera directa que provenga de ahorros en el exterior.
La necesidad de crear más riquezas a través de las inversiones de capital son más obvias cuando tomamos en cuenta el endeudamiento público. La deuda pública la pagan los agentes económicos privados a través de los impuestos que pagan al fisco; la deuda privada la pagan con los ingresos disponibles luego saldar las obligaciones fiscales. Como sabemos, el Estado no genera riquezas, sino que extrae recursos escasos del sector privado para financiar el gasto público y servir la deuda pública. La deuda pública consolidada se ha incrementado en 102% desde 2005 al 2011, al pasar de US$11,701.8 millones a US$23,680.8 millones[2].
En este caso, si no es posible reducir las deudas tanto pública como privada (que no es posible), es necesario promover la creación de riquezas en la economía para generar mayores niveles de ingresos de todos los dominicanos. Solamente con un incremento en los ingresos se podrá alcanzar un mejor nivel de vida y hacer frente, en el mediano y largo plazos, a los pasivos que ha generado la economía en su conjunto, incluyendo la deuda pública. De nuevo, esta creación de riquezas para generar más y mejores empleos depende de las inversiones de capital, no importa de dónde provengan.
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La República Dominicana ha atraído US$21,013.4 millones por concepto de inversión extranjera directa entre 1993 y 2011. En este sentido, el país se coloca muy por debajo de países que han logrado atraer un flujo mayor de capitales extranjeros para invertir en nuevos proyectos y procesos productivos. Por ejemplo, Eslovaquia, con un área geográfica similar a la República Dominicana y cuatro millones de personas menos, registró unos US$17,800 millones de inversión extranjera directa sólo en 2008, a tres años de haber implantado una reforma fiscal con una tasa única de 19% a los impuestos sobre la renta de personas y empresas, y al impuesto al agregado (IVA).
Como indicamos, la inversión extranjera directa será clave para la creación de riquezas a través del establecimiento de nuevos proyectos y procesos productivos. Sin embargo, la inversión extranjera directa solamente llegan a países con ciertos ambientes que son propicios para las inversiones de capital y los negocios. En este caso, la República Dominicana no está bien posicionada para atraer los niveles de inversiones que requiere la economía para tener un impacto importante en los ingresos de los dominicanos.
Diferentes índices y estudios de organismos internacionales revelan que la República Dominicana se sitúa en posiciones desventajosas con respecto a los demás países de la región y del mundo. Por ejemplo, el Foro Económico Mundial sitúa a la República Dominicana en sus índice de competitividad en la posición 110 de 142 países a nivel global[3]. Por otro lado, el informe del Grupo del Banco Mundial que clasifica a distinto países por sus ambientes para hacer negocios, Doing Business 2012, también sitúa a la República Dominicana en una posición desventajosa, donde aparece en la posición 108 de 183 países.
Para conocer el ambiente para las inversiones y los negocios en la República Dominicana, sólo habría que observar lo que sucede en la vida cotidiana; los indicadores mencionados son meros complementos o reflejos de la realidad. Inversiones de capital de importancia en el país requieren de tratos especiales y garantías del Estado para que inversionistas se arriesguen a traer sus recursos. Por ejemplo, la empresa con la mayor inversión de capital en la República Dominicana, Barrick Gold, requirió un contrato especial con el Estado que tuvo que aprobarse inclusive en el Congreso Nacional como una ley propia para que esa empresa se estableciera en el país. Lo idóneo es que el ambiente para las inversiones y los negocios sean lo suficientemente transparentes y amigables para que inversionistas no requieran de tratamiento especial cuando decidan realizar sus inversiones en el país.
En la segunda entrega revisaremos algunos factores que pueden estar penalizando la inversiones en la economía. En un mundo cada vez más competitivo, donde muchas otras economías requieren atraer inversiones extranjeras, muchos países compiten por las inversiones que se realizan a nivel mundial. Esto es un tema de suma importancia para el futuro del país. En esa segunda entrega haremos algunas recomendaciones de políticas públicas encaminadas a crear un ambiente más propicio para las inversiones de capital en la República Dominicana,
[1] Para un análisis de costos ocultos en la economía dominicana ver investigación previa de CREES “Incidencia del Estado en la República Dominicana: lo que se ve y lo que no se ve en términos económicos”
[2] Para un análisis de la deuda pública dominicana ver estudio previo de CREES “La realidad de la deuda pública en República Dominicana –primera parte”
[3] Para un análisis del Índice de Competitividad Global ver “Informe de Competitividad Global 2011-2012: El Caso de la República Dominicana”
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